Saldos y retazos III

Debido al arrollador éxito entre el público y la crítica esecializada, de la entrega 1 y 2 de esta trepidante saga llega a las bateas este nuevo capítulo que relata estas tres ideas tres que en algún momento intentaron ser cuentos pero que se quedaron en el camino por esos caprichos de la inspiración y la evidente falta de talento del autor. Andese con cuidado, querido lector, porque en una de estas historias aparecera el final de El sexto sentido y de otras películas. Así que si no la vio no lea y si lee no se queje porque quien avisa no es traidor.

El contador de finales

Una tarde de viernes en un patio de colegio un compañerito emocionado le contaba a su amigo, Pedro Gimenez, que el padre había alquilado para esa noche "Escape a la victoria". Pedro sin inmutarse le dijo "empatan 6 a 6 pero igual se fugan". Ni su primer ojo negro, ni su guardapolvos manchado de sangre evitaron esa obsesión por contar los finales de las películas que lo acompañaría para el resto de su vida. "Al final el Guasón muere" interrumpió algún día en el colectivo o "E.T al final se vuelve" supo decir en su momento. Después de que lo echaran de 4 videoclubs de su barrio y de un Blockbuster empezó a trabajar en un multicines del centro. "Me da dos para El sexto sentido" le preguntaron una noche, "si como no -respondió Pedro amablemente-, son diez pesos y Bruce Willys está muerto". Esa madrugada lo encontraron muerto en la parada del colectivo, sospechan que una pareja enfurecida lo estranguló.

Los secretos inutiles de Cacho García

El sueño de Cacho García era trabajar en televisión, más precisamente en algún programa de chimentos de los tantos que dan a la hora de la sobremesa. Pasaba horas y horas haciendose entrevistas frente al espejo. Todas las semanas escribía en su blog "Pueblo chico, infierno grande" los principales secretos de sus vecinos: "Doña Marta, la del bar, engaña su marido con el repartidor de la cerveza" posteó tres meses después del casamiento de la susodicha con Marcos Barrientos, el repartidor de la cerveza. En otra oportunidad acusó a Rosa Aranguren de no juntar la caca de su cocker, y si bien en esta ocasión tenía razón la municipalidad ya la había multado por lo mismo. Cansado por la escasa repercución de su bitácora empezó a deambular por las calles revelando secretos inutiles a grito pelado. Perdió a su familia primero, a su trabajo luego y finalmente la razón. "El zorro es Don Diego" vocíferaba el martes por la tarde que se lo llevaron al Manicomio.

Barrabrava profesional

Alberto Mendieta era un habitual en la popular de Brown de Arrecifes. Un tipo apasionado del fútbol pero sobre todas las cosas con mucha facilidad para componer canciones de cancha y para hacer rimas chuscas con los apellidos de los árbitros. Su fama era tal que varios políticos de la zona contartaron sus servicios para sus campañas electorales Como el fobal le quedaba chico incursionó en otros deportes como el básquet, el voley e incluso en verano se lo vio alentando fervorosamente un partido de tejo en Mar del Plata. Su creatividad era tal que empezó a utilizarla en su vida cotidiana. "Oh verdulero, vendeme manzana/ para la ensalada/ de está navidad/ olé olé olé/ olé olé olé olá/olé olé olá dos bananas y un ananá" o "tomalá vo'/ damela a mi/ dame dosciento' de fiambrín" se le pudo escuchar en alguna ocasión. Al principio causaba gracia, pero sólo al principio. Despúes de muchas protestas, el Coprosede le impide acudir a cualquier evento público e incluso le prohibe salir de su casa. Algunos dicen que una noche se escapó a Salta, aunque otros afirman que sobrevive gracias a que algunos vecinos solidarios le tiran bolsas de comida por arriba del paredón.

Amigos son los amigos

Cuando escuché a Pablito Rago decir en el primer capítulo de Amigos son los amigos que su madre lo había abandonado para irse a Mallorca jamás imagine que unos años después estaría instalado aquí, un lugar espectacular a pesar de la ausencia de barritas de azufre y zapallitos de tronco. Hace ya 8 años que llegué a la isla, empujado por el corralito, la crisis socioeconómica permanente, los choreos o la joda que había acá (en realidad hay jolgorio aunque yo no esté para esos trotes ya). Tenía 22 años cuando cruzé el charco con una mochila llena de sueños de futuro, incertidumbre y cagazo.

Hace poco vino mi amigo el Negro, un hermano diría yo, vino con todas las intenciones de quedarse y eso viene bien porque cada tanto agarran los bajones, y cuando la nostalgia ataca mejor tener alguien cerquita, que haya vivido cosas lindas al lado tuyo, que haya estado siempre, en las buenas y en las malas. Daniel era una de esas personas. Con el Negro Dani habíamos compartido todo lo imaginable y más: fútbol 5, primaria, secundaria, porros, machetes, rateadas, velorios, sábados de boliches, viernes de vino con jugo y cancha. Habíamos reído mucho juntos, también lloramos otras tantas abrazados, sin decirnos nada, y no hay nada que hermane más a dos hombres que un llanto compartido.

Dani le cayó muy bien a Isabel, mi novia desde hace seis años (hace ya tres que vivimos en pecado) y eso estuvo bien porque evidentemente mi amigo se iba a quedar en casa todo el tiempo que haga falta. Interminables noches de recuerdos, plagadas de anécdotas, risas, vino tinto, cigarrillos, empanadas y pizza. Cuando nos íbamos a dormir, Isabel me decía despacito en la oreja:”qué bonito lo que tenéis vosotros, nunca lo perdáis, por favor”. Los primeros días del Negro me lo llevé un par de días a repartir Coca cola, para que me eche una manito y para intentar recuperar en alguna medida el tiempo perdido. Además a pesar que yo llevaba bastante tiempo trabajando en lo mismo no podía colocarlo, pero si me acompañaba se lo podría presentar en algún restaurante de los tantos que abastecía. Así fue y en una semana Dani ya estaba cocinando en Europa, uno de sus sueños se cumplía gracias a mí y yo era muy pero muy feliz.

Después de un mes trabajando a full, el Negro quería buscarse un departamentito para empezar a hacer su vida acá más suya y, según él, no joderme más. Yo le dije que no se haga drama pero le convenía ir con Isabel ya que alguna gente no le gusta alquilarle a extranjeros y era mejor si iba con una “galleguita” como le decía él (él y toda mi familia). El jueves Dani tenía libre en el restaurante y dormía plácidamente mientras yo me iba trabajar como cada día e Isabel se levantaba con un montón de direcciones anotadas prolijamente en una libretita verde. Cuando llegué a la planta el camión estaba roto y mi jefe me dijo que me podía ir. Me metí en el auto y salí para casa. “Nos tomamos unos mates y después los acompaño a ver pisos” pensé. Estacioné, subí corriendo a casa y cuando abrí la puerta Isabel desnuda cabalgaba sobre la cintura de mi amigo del alma.

“Yo no tengo amigos –me dijo una vez el Gordo Martín, compañero de laburo-. Los amigos siempre te cagan, te vas a laburar y se cogen a tu mujer”. Esa predicción echa inocentemente 7 años atrás en una comida laboral me retumbaba en la cabeza aunque fue lo tercero que se cruzó por mi mente. Lo primero fue cagarlo a trompadas a él y lo segundo darle doscientos mil garrotazos en la cabeza a ella, pero no hice ninguna de las dos. Me quedé parado un minuto, inmóvil, en silencio masticando rabia. “Saben que: váyanse a la reconcha de su madre” fue lo único que pude decir antes de cerrar de un portazo y bajar la escalera llorando en silencio. Roto y otra vez solo.

Animalario de guitarristas

 

     Así como los amantes del tango sueñan con tocar el bandoneón o con ser uno de Los cantores de Varela, todo rocker  (o la mayoría de ellos) es en gran medida a un músico frustrado, guitarrista -para más datos- en la mayoría de los casos. Este instrumentista es, junto al cantante, el centro de atención de toda banda de rock, blues, o reggae que se precie; y eso sin imaginar que el cantante y la primera guitarra son la misma persona, porque eso ya es pedir demasiado.

      Los guitarristas no serían nada sin sus grandes escuderos rítmicos: los bajistas y los bateristas.  Para compararlo al más fiel estilo argentino, podríamos decir que, seguramente, la hinchada de Independiente hubiera entonado menos veces el famoso Bo-Bo-chini, si no hubiera estado Giusti pegando patadas ni Marangoni devolviendo la pelota redonda.  También existe, en los grupos más numerosos, el guitarrista ritmico quien brilla menos y hace el solo, sólo cuando lo presentan (un Burruchaga si se sigue la anterior tónica comparativa).  Nadie sueña con tocar la guitarra rítmica en una banda, aunque después lo haga más que dignamente.  Todos se imaginan ser Agnus Young, y nunca su hermano Malcolm; el ídolo es Satriani y no el que le aguanta el ritmo para que él se luzca y es más ninguneado que el  que está al lado del cantante de Los Piojos.

      Existen varios tipos de guitarristas entre los no profesionales, y a su vez estos se dividen en varios subgrupos.  Los hay que tiene formación folclórica y se pasaron toda la primaria rasgando los acordes de Lunita Tucumana en los actos del 9 de julio,  Zamba de mi esperanza y Valderrama en alguna actuación de fin de año, y desde aquí y casi sin darse cuenta pasaron a ser los principales interpretes de los temas de Gieco, Presente y  Rasguña las piedras en todo fogón, picnic, campamento, reunión, fiesta de la Secundaria. La mayoría de estos, ya en su edad adulta, tiene trabajos normales de lunes a viernes y los sábados hacen tributos a Sabina, Silvio Rodríguez o Aute en los bares de su barrio. Alguna vez  mechan temas de Baglietto (que a su vez son de otro).

    Otro de los tipos son los músicos de carrera, los guitarristas de conservatorio con gran cultura musical y capaces de tocar sin cansarse piezas de Mozart, Bach, Wagner o Strauss ante la indiferencia de todos sus familiares que poco a poco comienzan a retirarse hasta que como por arte de magia regresan formando  trencito cuando suenan  los acordes sol-re-la de la intro de la bamba o si arranca algún “cuando te llamo por tele-fo-no y tu no quieres con-tes-tar…”.  Algunos de estos respetables músicos se convierten grandes concertistas y otros, en cambio se conforman con hacer piezas clásicas en la calle o en alguna banda municipal, siempre combinado con trabajos “normales”.

    Para terminar no se puede dejar de mencionar al grupo más entrañable (en el que se encuentra quien firma estas líneas): el guitarrista frustrado.  Empezaron por hacer “air guitar” con Paradise city en los boliches de moda, luego después de trabajar de canillita en la plaza lograron comprarse la guitarra y hoy casi 20 años después apenas si rascan Knock’ in on heaven’s doors o algún punteo de Clapton.  Nunca perderán la esperanza de poder tocar dignamente diez o quince temas y por el momento se dedican con tocar la guitarra imaginaria esperando que el semáforo se ponga verde (en ocasiones incursionan en el air drums) o a componer canciones para hinchadas de fútbol, así que no se sorprenda si algún día al abajo firmante parado en un paraavalanchas cualquiera sin remera y colgado de un trapo entonando algo como “si yo fuera de Caseros/ correría en patrullero/ si yo fuera de Merlo correría de local/por eso yo soy de acá/ soy del barrio de Devoto/ porque es un barrio de locos/ y todo el año es carnaval”.

Saldos y retazos II

     Después del éxito arrollador de Saldos y retazos llega la segunda parte. Historias chiquitas, embriones de post que se quedaron ahí, pares sueltos, talles discontinuos, pantalones fallados que hoy están aquí todos amontonados, revueltos y lo que es más importante: de oferta.  Si no leyó la primera parte, no sea vago y pinche el enlace (pero no se haga ilusiones) y si la leyó no se olvide nunca que las segundas partes nunca son buenas.  Con ustedes: los protagonistas.

Adivino

     Abelardo Gómez era adivino.  Nunca se supo si su método era el Tarot, la bola de cristal, las rumas o simplemente un don especial para adivinar con un cien por ciento de efectividad.  Científicos y notarios, escépticos, analizaron su caso minuciosamente para constatar que no había ningún elemento que pudiera facilitarle información tan precisa. Abelardo no tenía Internet, ni radio, ni televisión.  Tampoco leía diarios ni revistas.  Seguramente se hubiera hecho millonario si no fuera por un pequeño detalle: Abelardo Gómez atrasaba. Sus predicciones (si así pueden llamarse) las hacía a grito pelado desde una ventana de su casa: “Boca le ganará a River”, anticipó un lunes o “dos aviones se estrellarán en las Torres Gemelas” predijo el  12 de septiembre. El 30 de junio  gritó con convicción desde su ventana “la eurocopa,  la gana España”. Los niños se burlaban de él, tiraban piedras a su casa y pintaban obscenidades  en sus paredes con aerosol. Cansado de las risas socarronas, un jueves vaticinó con voz firme: “mañana moriré”.  El sábado lo encontró  ahorcado la señora que una vez por mes le limpiaba la casa. Llevaba un día muerto.

El partido más largo del mundo

      En ese pequeño país del caribe el fútbol no era el deporte más popular.  Por este motivo la federación impulsó una iniciativa para difundirlo: realizar el partido más largo del mundo.  Deportivo Portuense y  Atlético Ciudad protagonizarían el clásico local que serviría, a su vez,  para batir un record Guinness.  El partido empezó correctamente y a pesar de su carácter amistoso ninguno quería perderlo.  Precisamente por esa ambición el match empezó a extenderse más de la cuenta.  A los tres días algunos jugadores comenzaron a desertar aunque eran reemplazados enseguida, al año con empate a 342 alguno de los equipos jugó momentáneamente con diez y hasta con nueve. Después del décimo aniversario los representantes de Guinness desaparecieron y a partir del vigésimo algunos de los jugadores fallecieron.  Después de muchas idas y venidas, abandonos y reemplazos el partido se dio por finalizado. Pasaron 73 años desde que empezó y no quedaba ningún jugador vivo de los orginales.  El futbolista más antiguo llevaba apenas tres horas en cancha.

 El inútil viaje en el tiempo

      En una tienda esotérica del Barrio Alto de Lisboa se vende un iPod que sirve para viajar en el tiempo si se lo utiliza en la Plaza de los Restauradores.  El viaje será al pasado, más precisamente al año de la edición de la música elegida para cruzar dicha plaza. Por ejemplo este iPod es capaz de trasladar a su portador a 1984 si  el tema elegido es “Les’t Dance” o a 1981 si la canción elegida es alguna de “Still Life” de Rolling Stones. Transitoriamente el iPod se puede convertir en un walkman desvencijado o en un discman aparatoso, incluso en un minidisc si se elige “Evacuation” de Pearl Jam.  El viaje durará solo el tiempo que su portador permanezca en Restauradores y absolutamente nadie lo notará, ni en el presente, ni en el futuro.  No quedará además ningún recuerdo en el portador del iPod lo que hace este  viaje completamente inútil.  De momento no se ha vendido ninguno. 

La decadencia del blog

    Día a día (hora a hora diría yo), miles de nuevas bitácoras inician su andadura.  Escritores en ciernes, proyectos de periodistas, cronistas en activo o en pasivo, adolescentes, humoristas, personas inquietas, australianos y hasta hinchas de Vélez abren blogs, todos y cada uno con diferentes expectativas y quizás con la única ambición coincidente de ser leído. Se podría asegurar sin temor a equivocarse y sin caer en la pedantería, que el número de comentarios es directamente proporcional a la satisfacción que produce. Este blog que ahora usted, curioso lector está leyendo (o no),  supo sobrepasar alguna vez los cincuenta comentarios y  llegaba a los treinta casi sin esfuerzo, ahora está en franca decadencia y la culpa, obviamente, no es suya.

    Hace ya más de dos años que este espacio está abierto y después de un comienzo aciago en lo que a visitas se refiere, poco a poco la cosa mejoró y llegó a su máximo apogeo en aquel lejano ya septiembre de 2006, y luego de  ese techo la curva descendió un poco hasta que se estabilizó  en la veintena de comentarios.  La situación empeoró a partir de octubre del año pasado, quizás un mes antes o uno después y se agravó definitivamente en 2008.   Esta situación me llevó varias veces a estar a veinte minutos de bajar la persiana convencido siempre por algún comentario positvo, con una palmadita al ego, con un “por fin apareció don Sandro”.

    Según el google analitycs, la gente sigue pasando, al menos los habituales e incondicionales que me siguen a todas partes, gane o pierda, juegue bien o juegue mal, olé, olé, olá.  Muchos llegan buscando algo por varios buscadores, propios y  ajenos a esta casa y al decepcionarse porque en esta página no encuentran el cancionero completo con acordes para guitarra, harmónica y órgano hammond de Sandro se dan a la fuga sin siquiera preguntar por mi en secretaría. Buscan cosas de Roberto Sánchez, ese alter-ego que me permitió una total impunidad para criticar despiadadamente a JAF, Bunbury o Tinelli sin temor a que ninguno de ellos (o los tres juntos) venga (vengan) a cagarme a trompadas.  Fui peronista y radical, facho y progre, rubio y morocho, canté truco y me fui al mazo, siendo siempre  yo o tal vez no.

      La decadencia de este blog no se debe tampoco a una pérdida de calidad de los textos, estos siguen siendo igual de buenos o igual de malos que siempre según la subjetividad del  lector, juez y parte de  esta nueva manera de comunicación humana.  El fracaso estrepitoso en este 2008 no se debe a que febrero tenga 29 días, al cambio climático o al horario nuevo.  Simplemente se debe al peor de los pecados: me olvidé de escribir.  Me empecé a preocupar por el diseño buscando exclusivas plantillas, me anoté en rankings, comenté en blog ajeno pero en estos 10 meses que lleva el año publiqué 5 textos (sin contar este y aunque blogger marque en cero el solitario post de enero).  Alcanzan los dedos de una mano para contabilizar lo que publique hasta ahora en este bisiesto año y con eso no alcanza.

                       “ Gracias le doy a la Virgen,

                          gracias le doy al Señor,

                          porque entre tanto rigor

                          y habiendo perdido tanto,

                          no perdí mi amor al canto

                           ni mi voz como cantor

                                                     José Hernández

     Así que señores lejos de abandonar esta, será una refundación de Una muchacha y una guitarra.  Una segunda oportunidad a la primera novia a pesar de que te puso los cuernos, es demostrarme a mi mismo que puedo ganar  la revancha de un partido de copa en la altura de La Paz, que no es imposible ganar la Liga aunque no tenga ventaja deportiva.  Recuperar terreno perdido y palabra a palabra sentirme más vivo.

   

Saldos y retazos

El doctor Jeckill de Villa Crespo

 José Del Moral era repartidor de galletitas y vivía en Villa Crespo.  José Del Moro era barman en un boliche de San Martín.  Del Moral era hincha de Atlanta y Del Moro de Chacarita.  El repartidor media uno ochenta y tenía ojos marrones, mientras que el otro era dos centímetros más alto y sus ojos era color miel.  Los dos eran misma persona.  Ambos lo sabían y trataban de organizarlo: Del Moro rara vez aparecía de día y  a del Moral no le gustaban las salidas nocturnas, mientras que ninguno de los dos podía llevar  a nadie a su casa.  Siguiendo esas escasas y básicas leyes podían controlar las transformaciones excepto los días de humedad.  Una pegajosa y desgraciada tarde de noviembre, se convirtió en del Moral en plena popular de Chacarita, casi lo matan.  El descenso de Atlanta hizo su vida un poco más tranquila.

 Sueño recurrente

  Alberto Corrales nunca se acordaba de los sueños, no había tenido pesadillas, ni se había acostado con Raquel  Welch, al menos no que él recuerde.  No soñar no le quitaba realmente el sueño (valga la redundancia) y podía vivir perfectamente sin ellos hasta que una fatídica mañana de primavera se le salió la cadena de la bici en una curva que le provocó un grave golpe en la cabeza.  A partir de esa noche y por el resto de las noches empezó a tener siempre el mismo sueño.  Los primeros tiempos lo tomó a risa, le hacía gracia la novedad, pero a partir del tercer mes la cosa se puso fea, el dichoso sueño lo hacía levantarse cansado.  Una noche harto de todo, se tomó un termo de café y si bien evitó el sueño, no pudo esquivar el agotamiento que le provocó el insomnio.  Probó de todo para evitarlo: pastillas para dormir, tilo, valerianas y nada, no sólo seguía cansado sino que el sueño se repetía.  Era imposible porque Alberto Corrales soñaba que estaba despierto.

 El increíble Hans

 Hans Frank Neuer vivía en Berlín oriental.  Era un tipo normal, adicto al gimnasio, dueño de un físico privilegiado: metro noventa con músculos hasta en los dedos de los pies.  Una tarde, que  se  quedó dormido mientras le hacían una resonancia magnética, le aplicaron accidentalmente  una sobredosis de radiación que se queda dentro de su cuerpo para siempre.  Su vida ya no fue la misma  ya que estás radiaciones le provocaron más trastornos que satisfacciones ya que al contrario de lo que dictan las historias de superhéroes,  Hans se volvía más débil, cuando se enfurecía.  El grandote y musculoso  Hans se transformaba en un tipo bajito, esmirriado e indefenso cada vez que se enojaba, por eso no dudaba en tomar tranquilizantes para que nada altere su estado de ánimo.  No siempre los tomaba. Por eso en ocasiones se lo veía escapando de palizas arrastrando su ropa gigante.  Una vez estuvo a punto de matarlo un camionero que lo encerró en la autopista.  Desde ese día Hans ya no sale a la calle solo, de hecho casi no sale.

Los explicadores de chistes

     En todos los grupos de personas (barras de amigos, trabajo, cola de supermercado entre otros) siempre hay un gracioso y en algunos casos varios. Estos personajes a su vez se subdividen en grupos bien marcados: está el bromista, pesado como pocos, el rápido para poner apodos, el que hace de las anécdotas verdaderos shows, el que tiene facilidad para las imitaciones caseras, parodia al jefe, al diariero o a su primo con una facilidad increíble aunque es incapaz de imitar a Raphael y así hacer de su habilidad un trabajo y por último está el contador de chistes ese que siempre aparece, aunque sea en un velorio.  Si investigamos dentro de este subgrupo encontramos al que es sin lugar a dudas es el conjunto de gente más insoportable que existe junto con los australianos, los colectiveros y los cantantes de cumbia: los explicadores de chistes.

        El modus operandi de los explicadores de chistes es sencillo y lo siguen indefectiblemente cual asesino serial.  Primero te cuentan el chiste en cuestión, por caso el que van Chackie Chan, Chuck Norris y Van Damme en un bote a pescar y cuando deciden el lugar Chakie dice: che Chuck tirá el ancla y este le responde no, ya ancló Van Damme.  Ante la ausencia de risa no consideran en ningún momento que el cuento en cuestión es pésimo dan por hecho que no fue entendido y consecuentemente lo explican.  “Ya ancló, yan-cló Van Damme, ¿entendés?, como el nombre, yan-cló suena igual que Jean Claude,  ¿entendiste ahora?”, te repite y vos que lo comprendiste a la perfección,  caballerosamente sonreís al tiempo que pensás que el chiste es patético.  Si por el contrario te reís porque te causan mucha gracia los chistes boludos, el explicador inicia un proceso aún más insoportable: cada vez que te vea repetirá hasta el cansancio el final del chiste.  En resumen, cada vez que se cruce con vos te dirá riéndose “ya ancló Van Damme” buscando tu complicidad.

     Como en toda regla hay una excepción y en este caso hay claros ejemplos.   En alguna parte de un espectáculo, Luis Landriscina decía, antes de su sección de chistes de gallegos, que sobre los españoles había dos grandes mentiras: que todos eran gallegos y que estos eran todos brutos; esta mínima explicación previa y a su vez queda graciosa en la entonación de él espelucado contador de cuentos.  Por ejemplo yo puedo decir que el alcalde de Lepe le pintó a sus patrulleros el nombre de Julio Iglesias porque cuando fue a Inglaterra vio que los de ese país decían Police, pero si previamente no aclaro que Lepe (valga la redundancia) es una ciudad de la provincia de Huelva de la que se hacen en España los mismos chistes que en el resto del mundo se hacen sobre los españoles, el chiste carecerá de gracia para el que desconozca este detalle.  Por eso es buena una explicación previa que pone al oyente del chiste en situación y además evita interrupciones odiosas.

     Los explicadores de chistes no conciben de ninguna manera la ausencia de risa o de entendimiento.  Sus gracias tienen que provocar tu carcajada sino se frustra y si bien cada contador de cuentos persigue el mismo objetivo hay caminos bien diferentes para lograrlo.  El chiste debe entenderse por si solo, sin necesidad de repetir el final hasta que el oyente al menos mueca de sonrisa.  Si el chascarrillo es bueno o no eso lo determina la subjetividad lo importante es que una vez terminado, termine (valga la redundancia).  No me avergüenza confesar que en ocasiones no entiendo algunas bromas, pero en esa incomprensión está el desafío de entenderlo por mi mismo y me río cuando por fin lo interpreto, aunque hayan pasado horas (o días) y el contador de cuentos se haya retirado. En fin. Explicadores de chistes: a ver si de una vez y para siempre entienden que, como yo, hay muchas personas que no soportamos que otras, como ustedes, nos expliquen los chistes que no entendamos o lo que es peor, nos repitanlas gracias que si comprendimos, ad eternum.

Perros malos eran los de antes

     El mejor amigo del hombre, siempre fiel compañero, enemigo acérrimo de ciclistas ocasionales y de repartidores de pizza, guardianes al acecho de ladrones de garrafas, rescatadores de montañistas congelados, perseguidores de gatos, corredores de carreras.  Todo esto y muchas cosas más podríamos enumerar cuando hablamos  de los perros.

     Hay muchas clases de perros: grandes, medianos, chiquitos, de pura raza, mezclados, callejeros, de jardín, falderos, guardianes, juguetones, buenos y malos (muchas veces ambas cosas a la vez). Cada barrio tiene su propia fauna perruna, por ejemplo en   el  del que aquí firma estaban, el de nombre gracioso se llamaba “Cual” (puede ser noset, quien o igual que vos, según la barriada), el Derzú un ovejero alemán ciego que se chocaba los palos de luz y el más malo de todos sin dudas era el Lobo, propiedad  de Don Alejandro el masajista sordo de la cuadra.  Al Lobo poca gente lo vio, pero todos lo escucharon ya que su ladrido era muy potente, se comentaba que era cruza con lobo (de ahí su nombre), nunca salía y su filosa dentadura había quedado grabada en varios culos de la zona. Algunas hipótesis afirman que antes de morir su can, Don Alejandro grabó su potente vozarrón para hacerle creer a los cacos que, cual Elvis perruno, Lobo vive. Hoy ya hace años que el masajista y su mascota no están, y esa casa es más silenciosa y a la vez más insegura.

     Cada raza canina tiene sus características propias bien diferenciadas.  El pastor alemán, noble guardián y compañero, los cocker spanish  y su inmadurez, la valentía de los perros chiquitos, la alegría del setter irlandés (el de un vecino, por ejemplo, llamado Arturo en honor a su cuñado también era pelirrojo), el galgo su elegante velocidad y el doberman, con su cerebro más grande de lo normal –según cuenta la leyenda- que provoca que de vez en cuando se le salga la cadena.  Y precisamente el doberman (con permiso del dogo argentino) era en otras épocas el perro más malo que los tipos duros podían tener, pero con el paso del tiempo fue desplazado por rotwaillers, pit bulls y bull terriers hasta caer casi en el olvido; es por ello que cuando este humilde firmante recuerda a Rufo (un doberman amigo) y sus morisquetas o a Lobo y sus potentes ladridos, piensa, no sin nostalgia, que perrros malos eran los de antes.

Fantasmas

fantasma. (del latín phantasma, y este del gr. Φάντασμα). (…) 3. imagen de una persona muerta que, según algunos aparece entre los vivos.

   Esta es una de las tantas definiciones que el diccionario de la Real Academia Española de la lengua le da a la palabra fantasma, también menciona que se puede utilizar este término para describir un pueblo desabitado o un éxito pasajero pero eso ya son otras cuestiones.  Vale aclarar que sólo creo en lo que veo y pongo en duda todo lo que no se pueda mirar.  Así, no puedo afirmar la existencia de Dios, del Diablo, del cielo, del averno, del esperanto, de la reencarnación, de Groenlandia  y de las empanadas de lechuga.  Pero con los fantasmas me pasa algo diferente ya que mi incredulidad se motiva más en el miedo que en la convicción.

    Miles de historias se han contado y se contarán sobre este tema y seguramente todos poseemos historias de aparecidos aunque nadie admite creerlas. En la época que trabajaba en la fábrica de los alfajores del lobo marino circulaba la leyenda de que por las noches solía aparecer por el tercer piso el fantasma de un trabajador que había muerto de un repentino ataque cardíaco mientras amasaba bizcochuelo.  Nunca creí en esa historia, vale aclara que tampoco pasé del segundo piso en horario nocturno. En otra oportunidad un amigo me juró que mientras trabajaba en una obra vio parado en la escalera a un compañero que una semana antes lo había aplastado una pila de bolsas de cemento y hasta yo mismo sospecho haber visto un espectro caminar hacía mi como el malo de Terminador 2 mientras mal dormía una noche aunque esto bien pudo ser producto del abuso de algunas drogas duras como la pizza fría con mate y el jugo clight de pomelo rosado.

La existencia de los fantasmas nunca va a ser probada aunque tampoco creo que desmentida.  Muchas preguntas surgen en cuanto a este tema: ¿Existe vida después de la muerte? ¿De verdad volvemos al mundo reencarnados en otra cosa? ¿River volverá a ganar la copa alguna vez?  En fin, muchas preguntas, pocas respuestas mientras yo sigo durmiendo con la luz prendida.

Primero del año

Ya han pasado dos semanas de que el calendario marcó el fin de las festividades navideñas. Hace ya 17 días que transitamos por el novel 2008, año que todavía no odiamos (será por el dichoso optimismo), y ya casi no se ven esos resúmenes y balances de 2007 que ocuparon metros de periódicos, horas televisivas y espacio en millones de bitácoras que pululan por el ciberespacio. Ahora todo se va normalizando, ya escribimos el año sin equivocarnos, empezamos a preocuparnos por cumplir con lo que nos propusimos para estos doce meses y en las gomerías nuevas minas en tetas decoran sus almanques.
Enero para mi es un mes de obsesiones, principalmente de dos que paso a enumerar. Desde que era un niño (y de eso hace bastante) tengo la costumbre de recordarme a mi mismo cada cosa que hago por primera vez en el año, una especie de ritual bautismal de cada una de mis acciones. Así pasan la primera canción que escucho, la primer película, el primer bocinazo, la primera zambullida, el primer pedo, la primera curda, el primer beso, el primer.."perdón pero de mi vida privada no hablo". Y después empiezan también las preocupaciones cuando van pasando los días y hay rubros que aún no tiene anotado su primer, pero eso ya sería tema para algún futuro texto sobre frustraciones.
La segunda y con esto termino porque pierdo el micro, es a quien salude y a quien no por este nuevo año que comienza. Lo correcto es que ante un encuentro callejero , por ejemplo, con una persona que todavía no viste desde 2007 y le agregues al saludo tradicional un cordial "feliz año che": Hasta acá todo normal, ¿pero si la ausencia de encuentros se extiende por varios meses?. ¿Queda bien acaso felicitarle el año a una persona una fría noche de agosto en tres de febrero e Yrigoyen? Si alguién lo sabe que me avise. Es el primer favor que pido en el año.

Din don dan din don dan!

Los asiduos de este espacio saben o al menos intuyen, que la navidad me rompe soberanamente las bolas. También lo conocen mi familia y mis amigos, quienes muchas veces me acusan de renegado o en el peor de los casos de amargo, y quizás tengan razón, pero mi naturaleza humana no evita que, año tras año, sienta esta desidia hacia las fiestas en general y al 24 en particular.
La tortura empieza el 8 de diciembre y se extiende hasta que junto la caca del camello el 6 de enero por la mañana. En este periodo la gente se enloquece, la fiebre consumista se multiplica y se utilizan palabras raras (borla, lameta) que no se escuchan el resto del año, la gente decora sus casa con pinos de plástico, miles de papas noeles salen a la calle y al Toledo, a regalar caramelos y tita’s mientras se hacinan dentro de su polar atuendo gentileza de la cocacola.
Otro tema navideño que me tiene a maltraer son las dichosas lucecitas, que un día entre los días abandonaron los árboles, para instalarse definitivamente en nuestras fachadas, en nuestros balcones y hasta en nuestros resilines. Ese parpadeo eterno, ese villancico agudo que se clava en la oreja, perfora el oído, taladra el cerebro y antes de perderse en la infinidad de la noche te revuelve las tripas. No quiero olvidarme de la amabilidad de las autoridades ciudadanas que, este año han decidido una vez más colgar las decoraciones lumínicas callejeras del balcón de mi casa, para que no pueda estar con las patas apoyadas en la mesita ratona tomando mate en tranquila oscuridad mientras escucho los grandes exitos de Gaby, Fofó y Miliki.
De todas maneras no piense usted, amigo lector, que soy un desalmado. Que incumplo mis compromisos familiares encerrado en una cueva hasta que pase todo. No. Ceno con mis allegados (sin necesidad de aguantar a ningún cuñado indeseable), compro regalos para las personas que sé que cada nochebuena tienen envuelto un calzoncillo con mi nombre bajo su árbol y hasta alguna vez me habrán visto – cuatro Ananá Fizz después- haciendo trencito al grito de “Camelia, Camelia, Camelia…Camelia de mi corazón…”. “Al final tanto quejarse para terminar como todo el mundo” dirá usted no sin razón, pero el placer de pasarme todo diciembre quejandome de las fiestas y todo el 24 criticando despiadadmente al cuñado indeseable que no hay que soportar, ¿quién me lo quita?.

Día del Arquero

El 21 de octubre se celebra en España el “Día de las vírgenes” (especie en extinción, por cierto), aunque en Mallorca es de los pocos sitios de este país dónde se le da cierta importancia. Los chicos cantan serenatas, regalan claveles a cambio de los tan preciados buñuelos, según marca la tradición. Con el paso del tiempo y la ya sabida escasez de vírgenes, las panaderías instalan en sus puertas grandes sartenes dónde regalan dichos pasteles a cambio de 5 euros el kilo.

El 23 de abril (según la UNESCO) es el día mundial del libro y también la diada de San Jordi en Cataluña y Baleares. En esta ocasión los caballeros regalan rosas y las damas los corresponden con algún librito. Para tal acontecimiento las librerías instalan grandes stands en sus veredas, les dan flores a los hombres para que las intercambien por los textos que estas mismas les venden a sus mujeres.

El hombre es un animal de costumbres y los comerciantes lo saben, por eso las casas de disfraces duplican sus ventas en carnaval y en halloween, las florerías venden mucho el día de los muertos y en San Valentín, fecha que también aprovechan los vendedores de lencería, los sex shop y los restaurantes afrodisíacos y, el día del niño los jugueteros son más felices que los propios homenajeados. El día del padre y el de la madre, son diversos los rubros beneficiados, lo mismo que en navidad y en reyes, sin olvidar que en mi cumpleaños las mercerías de mi barrio agotan las existencias de calzoncillos y medias, y las perfumerías las de “Pino Colbert” (siempre hay una tía que no tiene en cuenta que los chicos crecen).

Algunas costumbres me atrapan (será por mi humana condición) casi contra mi voluntad: cumplo mi obligación de hijo el día de la madre y el del padre, con la de marido en los aniversarios, compro bombachas rosas en nochebuena y rojas en fin de año, le pongo pasto, agua y un cacho de pan dulce a Baltasar –mi rey mago favorito- y su camello, y el día del niño me siento en el cordón de la vereda a esperar en vano con mi complejo de Peter Pan a cuestas.

Por todo lo dicho anteriormente, no sería de extrañar que en un futuro no muy lejano, un domingo nublado de otoño o un sábado radiante de verano y con el beneplácito de los vendeores de guantes y los fabricantes de flechas,los cobradores de deudas instauren, sin ponerse colorados,el día del arquero.

Ventajas de otoño

El día de la primavera en Argentina siempre suele estar feo y esto tiene una explicación científica: realmente el 21 de septiembre todavía es invierno en el hemisferio sur ya que el equinoccio de primavera austral no es sino hasta el 23 o 24 se ese mes, pero claro como la comodidad es la comodidad sigamos mandando estudiantes a pelarse de frío con sus sanguchitos de milanesa bajo el brazo.
En Europa, que suelen aprovechar cualquier ocasión para convertir cualquier día en comercial en este caso actúan diferente y notifican del comienzo de las estaciones en el momento justo. Es un placer leer en algún diario que a tal hora empieza el otoño, es decir comienza a disminuir el calor, los árboles se visten con hojas amarillas, las camperas regresan de su exilio en el ropero y las mujeres esconden sus formas con diversos abrigos (cosa que aumenta nuestra imaginación y disminuye los accidentes de tráfico).
Por otra parte, los poetas, novelistas, pintores, compositores de tango recuperan la triste inspiración que termina con las más tristemente hermosas obras de arte. Versos como “que ganas de llorar en esta tarde gris” o “la lluvia castigando mi angustia en el cristal” compiten en desventaja frente a “la primavera, la sangre altera” o “las olas y el viento zucundun, zucundun”. Los mates calentitos de la mañana, en pijama y pantuflas, son más ricos y es mucho más romántico meter los pies en una mesa camilla que en una palangana con agua fresca.
Mientras en América del Sur empiezan a pasear con sus camisas hawaianas, en Europa rescatan a los gamulanes del olvido. Mientras en un lado comienzan los falsos amores de primavera, en el otro comienzan calurosas historias de amor. Cuando unos empiezan a despertarse pegados a las sabanas los otros disfrutan durmiendo en cucharita. Mientras unos rezan para que vuelva el frío los otros comienzan a añorar el calor. Muchos prefieren las estaciones más calurosas, algunos las más frescas, por su parte Sandro disfruta de las tardes lluviosas y de las ventajas del otoño.

LRPMQLRP

Cuando era chico (y de eso no hace tanto che!) las siglas eran más bien pocas. SA determinaba que una empresa era una sociedad anónima y también le daba nombre a un hotel alojamiento (aunque ya más grande me di cuenta que la gente no va a este sitio precisamente a alojarse), MOLM eran los colectivos que me llevaban a mi casa, EEUU los gringos del norte y RRPP mis superiores cuando era tarjetero de Archie.
Pero en algún momento de estos, nuestros días algo cambió. Caiga quién caiga empezó a ser CQC y Perdona nuestros pecados PNP, AC dejó de significar sólo antes de Cristo para convertirse en Andrés Calamaro y hasta este espacio alguna vez fue UMYUG (LFDLF). Antes las siglas eran de uso casi exclusivo de sindicatos y afines, y ahora sirven para nombrar programas de televisión, grupos de música y hasta farmacias de turno: La vela puerca es ahora LVP, No te va gustar es NTVG, Héroes del Silencio es HdS y JAF es un boludo (igual que Bunbury). En este matete (creo que ante el continuo atentado lingüístico se me permite esta licencia) idiomático tranquilamente se puede confundir a Soda Stereo con la policía nazi, a la Asociación Argentina de Actores –y de árbitros- con una parte negra de la historia reciente, y hasta yo mismo podría Rolling Stone y Ringo Starr al mismo tiempo.
Las siglas nos invaden, pueblan nuestras revistas, ocupan las primeras planas de nuestros diarios, abundan en las parrillas televisivas y si esto sigue así diremos MDUKDChPF para pedir un kilo de chorizos. La siglas, junto con los mensajes escritos con k, se empeñan en resumirlo todo y esto quizás es el signo d elos apurados tiempos que corren. Las siglas me tienen podrido y por mi se pueden ir a LRPMQLRP.

Dos para una mentira

El Colorado Julio no era demasiado afín con las nuevas tecnologías, descreía de los chat, pataleba en contra de internet y afirmaba que los reproductores de mp3 suenan como el culo. La rápida evolución de la red y sobre todo la instalación de un cyber café en su barrio, lo hizo amigarse un poco (aunque no mucho) con la computación. Mandaba mails, jugaba al truco online con un amigo que la crisis de 2001 había empujado a Berlín y de vez en cuando chateaba con mujeres de otros pagos, aunque sin llegar a trabar amistad alguna con ninguna porque había algo que lo atormentaba: la mentira.
Julio no es de esas personas que consideran la mentira un pecado capital, pero la facilidad que ofrece la red para ocultar (o al menos disfrazar) la verdad le parece espantosa porque detrás del aparentemente inocente nick de Sandra, puede esconderse un asesino serial, la abuela de tu mejor amigo o el travesti de la esquina (que casualmente se llama Sandra). Feos que se mienten lindos, vagos que dicen ser trabajadores, adolescentes que afirman ser adultos, viejos que escriben todo con k, tipos que firman con nombres famosos, mentiras todas que distan mucho de aquellas que en sus años mozos el colorado había convertido en un verdadero arte.
Por ese entonces Julio se llamó Bryan, Byron, Ezequiel, Ismael, Gonzalo y Mauro. Fue restaurador de cuadros, químico en una fábrica de alfajores, dueño de un telo, hincha de Vélez, plomo de Charly García, fiscal peronista, amigo de Alejandro Lerner, extranjero, perito mercantil, porteño, futbolista profesional, surfer y camarógrafo de un canal de cable. Además visitó lugares tan exóticos como las Galápagos, Madagascar, Alaska y Necochea. Aquellas mentiras eran verdaderas joyitas que construía sin necesidad de esconderse detrás de una computadora, que surgían casi espontaneas cuando alguna oreja femenina se disponía a escucharlas, predispuesta a creer verdad cualquier fantástica historia que olvidaría ni bien cruzara la puerta, cómplice y a la vez compañera de juego que podría ser (según la ocasión) bailarina del Colón, secretaria del Intendente, jugadora de Hockey y dueña de un supermercado.
Esas mentiras de ayer no buscaban el engaño en si, no perseguían la estafa, no pretendían sacar ventaja, sino que eran quizás el reflejo de lo que cada uno hubiera querido ser, como una aceptación de las frustraciones. Por eso y también porque es un melancólico empedernido, el Colorado Julio está cada vez más convencido de que mentiras eran las de antes

Como Jesús de Nazaret pero en primavera

Me crié mirando cada pascua "Jesús de Nazaret" por canal 8 (hasta que me di cuenta de que los mejores asados se morfan en viernes santo) y así otras películas o series o documentales que se repiten en fechas puntuales. Ahora mientras miro la conferencia de prensa de Soda Stereo, pienso, si todo vuelve, porque no un post y aprovechando que algunos de los lectores de este, mi humilde espacio, no estaban el año pasado cuando se publicó esta ficticia historia (que bien podría ser cierta) decidí unilateralmente refritarla, dejando entreabierta la posibilidad de hacerlo todos los años por estas fechas. De esta manera preparo mi regreso después de un breve paréntesis imaginativo, con ustedes los interpretes de este post intitulado:

Picnic, diez años después

Los cuatro amigos se reunieron como cada martes pera jugar al truco, comer pizza, tomar cervezas y recordar los viejos (buenos) tiempos. Pasó mucho tiempo y el asado del 1º de mayo reemplazó al picnic del día del estudiante hace varios años ya, alguno peina algunas canas, otro ya ni utiliza peine y las barrigas cerveceras se dejan notar. En plena alegoría melancólica decidieron que ese año volverían a celebrar el 21 de septiembre dejando de lado ciertos prejuicios y restandole importancia al nunca bien ponderado "que dirán".
La nublada mañana del veintiuno se encontraron en una de las casas, cargaron el citröen 3cv y tomaron dirección parque Camet. El equipo estaba listo: heladera playera con hielo, sanguchitos de milanesas, un vinito con jugo (para un abstemio disimulo), grabador (con pilas obvio), un cassette de Sui Generis y el Sol&Rock Nacional año ’85. La vestimenta era idónea para tal ocasión: pantalón de buzo, zapatillas, camperita adidas, y unos cortos debajo (por si salía el sol), sin olvidar los clásicos zoquetes. Ya en el parque, se mezclaron con la juventud, hablaron con alguna que otra señorita –casi siempre con escaso éxito- e hicieron de relleno en los picados ajenos. Se convirtieron en aguerridos laterales izquierdos, duros zagueros centrales, ágiles arqueros y soportaron estoicamente los “paselá señor”.
Sobre las seis de la tarde, cansados, decidieron regresar. Se subieron al citröen y al ritmo descontrolado de “hubo un tiempo que fui hermoosooo…” pegaron la vuelta. Los cuatro, sucios, alegres, cantando a grito pelado, sonrisas que de a ratos se en convertían carcajadas. Esta tarde habían regresado un poco en el tiempo, se sintieron por un rato como en aquellas épocas de estudiantes y porque no, como en esos primeros años postsecundario cuando se seguían colando en los primaverales picnics con la única intención de cosechar amistades femeninas.

Auto sin stereo o el último cassette*

La semana pasada me robaron el stereo, “¿y a mi que me importa?” dirá usted, inquieto lector, “y no sea tan ansioso” diré yo, ignoto firmante. Retomo. Dicho suceso provocó que me quedara sin música en el auto, entonces decidí rescatar del baúl (el del coche, no el de los recuerdos) una vieja radio de cassette que derivó en estas líneas.
Primero procedí a rescatar algunas cintas que circulan por casa: Dios los cría en tamarindo, Doors, Stones, Beatles, Corderos, Charly, Radiohead, Santana, Redondos, Soda, Goyeneche, algún que otro recopilatorio y otros que directamente descarte como las clases de alemán y uno de Raphael que seguramente es de la vieja. Enseguida me acordé de la colección de cassette que, con caja de zapatillas incluidas (si no existieran los cassetes las zapatillas vendrían en una bolsa leí una vez en Fideos con Manteca), le regalé a mi sobrino como herencia roquera: más Stones, Ratones, Cadillacs, Abuelos, Calamaro, alguno original de la cbs cuando aún no era Sony Music, otros de Sony cuando todavía no era Bmg y el Puma Rodríguez -otra vez de mamá-.
Después seguí recordandome a mi mismo con el “Sol & rock Nacional ‘85” en el bolsillo parado-emocionado en la esquina de LuroIndependencia (Ojo! No Luro e Independencia, ni Independencia y Luro) y de esos crueles y desprolijos compilados con enganches imposibles: de Gun’s a Jackson, de Elvis a Poison pasando por Los Visitantes, sin escalas y adornado con la voz del locutor de turno susurrando “fm stereo rey”. Lengüetas de seguridad tapadas con cinta scotch, para grabar y regrabar por la eternidad, repuestos y herramientas para reparar las traicioneras enrolladas de la cinta, algodón y alcohol para limpiar el cabezal, y otros utencillos que formaban el ritual.
El cassette perdió vigencia poco a poco, primero el CD, después el mp3 y el romántico regreso del vinilo y mañana será otra cosa. Suenan mal, el arte de tapa luce poco, se arruina con el desuso, pero me traen tantos recuerdos de mis primeros coqueteos con la música: si, me trae recuerdos ese formato casi extinto. Asi que ya sabe, astuto lector, tenga cuidado que ese cassette que esta escondido en su repisa, ese otro que descansa en su guantera, ese que ahora está rebobinando con una lapicera para no gastarle las pilas al walkman, ese mismo, quizás sea el último cassette.

*si me copé con los títulos ambigüos, onda Sui Generis ¿y qué?

Entre un post de Neosatán y el programa de radio en el recuerdo que escuchamos en el trabajo me hicieron poner la melancolía a flor de piel, cosa poco difícil, reconozco. Todo empezó cuando en dicha emisión pasaronel tema ese de Bon Jovi que empieza haciendo “tarantaran taran taran” (eso es una guitarra pedorra) y mi compañero me dice ¿te acordas?.
Ustedes lectores que han pasado los treinta o andan cerca, no me dejarán mentir cuando diga que en los boliches bailables (también en los asaltos) pasaban lentos. Si, si y más de alguno de ustedes, picarones, habrán chapado de lo lindo al ritmo de Carry. La cosa era sencilla la sesión duraba una media hora y comenzaba unos sesenta minutos antes del cierre o sea que levantabas algo en esa media horita o te ibas a tu casa a rendirle culto a onán. El terreno era conveniente preparalo un rato antes, elegir la mujer e intentar una pequeña charla para que en el momento que empiece la música tranqui poder intimar y definir la jugada, caso contrario tenías que arriesgarte a pegarla ya con los lentos sonando. En este punto es cuando se sucedían los nunca bien ponderados bailás, dale un tema, dale un ratito, dale aunque sea una estrofa. Ya enzarzados en el baile, la técnica era simple: primero y primordial arrastar los pies para no pisar a la chica, después suaves palabra al oído, un besito en el cuello* como sin querer, una respiración entrecortada y ahí zas! el zarpazo definitivo que terminaba idefectiblemente en un beso apasionado o en un bife de campeonato.
Ya saben, los tiempos cambian, se aceleran. Los asaltos ya son historia a los lentos poco a poco los fueron erradicando, los remplazaron por los ritmos latinos primero y poco después por la cumbia, las rubias ahora son morochas, las morochas rubias y las pelirrojas, pelirrojas. Las técnicas de levante han cambiado y el hombre se adaptado a los tiempos, aunque a más de uno (como a mi) se le piante un lagrimón cuando en alguna radio suena Axl susurrando Don’t cry.


*estaba a punto de poner cogote pero me arrepentí

En cierta época de mi vida era habitual concurrir fin de semana por medio a Estadio Mundialista a ver el fobal o al polideportivo a disfrutar (o a sufrir casi siempre) del básquet. Cualquier persona que se precie habitué de estos aconteciminetos deportivos sabe que ir a la cancha y no comerse un chori es como no haber ido, es como comerte un plato de mostacholes con tuco sin queso, es como estar enamorado y no besar, es como ir a un recital de Jaf y no intentar cagarlo a trompadas, es como ver una película de la Coca Sarli y no t... bueno en fin.
Con el paso del tiempo este costumbre se fue trasladando a otros ámbitos de la vida, así los choripaneros instalaban sus parrillas, en cualquier amuchamiento de gente. Recitales, salidas de boliches bailables, velorios, maratones, partidos de tejo, playa del puerto y otras aglomeraciones. Cuando uno frecuenta algunos de los sitios arriba citados, ya empieza a conocer a estos expendedores y como uno va teniendo sus preferencias. A mi particularmente, me gustaban los inigualables choris del "Gordo" uno de los casi infaltables.
Muchas leyendas se tejieron alredeor de estos personajes y especialmente del citado choripanero obeso (pero usted lector sabe que a los exitosos en Argentina siempre se los critica). Que "deben tener autoización", que "vaya una a saber de que estan hechos" y todos esos comentarios que hacen las vecinas envidiosas cuando salen a barrer la vereda. Algunos se atrevieron a decir que los sanguches estaban embrujados otros fueron más lejos aún y afirmaron sin dudarlo que el "Gordo" en realidad era el mismisimo diablo..... y les creo , mire, sino como se explica que un tipo con las manos tan mugrientas haga unos choripanes tan ricos.

Teleocho informa (dedicado al Cholo Ciano)

A pesar de que no es habitual estos juegos en este humilde espacio, haré una exepción, ya que he sido seleccionado, que yo sepa por tres personas para el post lúdico de esta temporada otoño-invierno. Rodrigo, Palito, Blindest Woman, Chancho Piluqui....muchas gracias. Según las reglas hay que contar ocho cosas sin que estas sean de vida o muerte, por eso obviaré estado civil y otros datos que me perjudiquen en relación a mi amplio club de admiradoras.

1. Cada jugador cuenta con 8 cosas de sí mismo

2. Además de las 8 cosas tiene que escribir en su blog las reglas.
3. Por último tiene que seleccionar a otras 8 personas y escribir sus nombres/blog.
4. Por supuesto, no hay que olvidar dejarles un comentario - que han sido seleccionadas para este juego.

1. Mi verdadero nombre no es Roberto Sánchez, ergo no soy el verdadero Sandro (perdón muchachas), aunque debo reconocer que me gusta que me digan así en el círculo bloggeril.
2. soy de Mar del Plata pero hace 8 (oh! que casualidad) años que vivo lejos de Argentina, eso hace que, entre otras cosas, se me haga muy dificil comentar en algunos post, políticos, televisivos y /o de ciertas modas. A veces se complica comentar del verano cuando estoy cagado de frio y visceversa.
3. Pasé los 30 hace muy poco
4. Me rompe soberanamente las bolas que un pendejo/a me diga señor...
5. Tengo un gran mal humor por las mañanas, necesito entre 15 y 20 minutos de silencio para recuperar mi alegría y dicharacherismo.
6. Me gusta la música (rock,blues, tango, algo de jazz y algunas fusiones), el cine y la literatura (mi favorito es Benedetti)
7. Hablo con muchas malas palabras, algunas muy personales como : empomar, engrampar y embambinar y otras más clásicas. Cuando manejo este modo de hablar se multiplica por mil. Insulto de la semana: Que me tocas bocina* la concha de tu hermana!!!
8. Soy periodista aunque ejerza poco y trabaje de cocinero.


Esto es algo de mi. Les comento que no fue tan feo che y que al final algo quedó afuera. Seguramente lo publicaré en stereo. Y ahora lo más bravo, pasar la posta. No sin antes pedir perdón selecciono a: Gustavo, Alejandra, Gonchi, Penélope, S
r M, Lechu Nicanor, Drácula con tacones y Pésame.

Salud y buenos alimentos

*Esto es reemplazado por: anda más rapido vieja y... o Dos horas para estacionar viejo y...