Cuando escuché a Pablito Rago decir en el primer capítulo de Amigos son los amigos que su madre lo había abandonado para irse a Mallorca jamás imagine que unos años después estaría instalado aquí, un lugar espectacular a pesar de la ausencia de barritas de azufre y zapallitos de tronco. Hace ya 8 años que llegué a la isla, empujado por el corralito, la crisis socioeconómica permanente, los choreos o la joda que había acá (en realidad hay jolgorio aunque yo no esté para esos trotes ya). Tenía 22 años cuando cruzé el charco con una mochila llena de sueños de futuro, incertidumbre y cagazo.
Hace poco vino mi amigo el Negro, un hermano diría yo, vino con todas las intenciones de quedarse y eso viene bien porque cada tanto agarran los bajones, y cuando la nostalgia ataca mejor tener alguien cerquita, que haya vivido cosas lindas al lado tuyo, que haya estado siempre, en las buenas y en las malas. Daniel era una de esas personas. Con el Negro Dani habíamos compartido todo lo imaginable y más: fútbol 5, primaria, secundaria, porros, machetes, rateadas, velorios, sábados de boliches, viernes de vino con jugo y cancha. Habíamos reído mucho juntos, también lloramos otras tantas abrazados, sin decirnos nada, y no hay nada que hermane más a dos hombres que un llanto compartido.
Dani le cayó muy bien a Isabel, mi novia desde hace seis años (hace ya tres que vivimos en pecado) y eso estuvo bien porque evidentemente mi amigo se iba a quedar en casa todo el tiempo que haga falta. Interminables noches de recuerdos, plagadas de anécdotas, risas, vino tinto, cigarrillos, empanadas y pizza. Cuando nos íbamos a dormir, Isabel me decía despacito en la oreja:”qué bonito lo que tenéis vosotros, nunca lo perdáis, por favor”. Los primeros días del Negro me lo llevé un par de días a repartir Coca cola, para que me eche una manito y para intentar recuperar en alguna medida el tiempo perdido. Además a pesar que yo llevaba bastante tiempo trabajando en lo mismo no podía colocarlo, pero si me acompañaba se lo podría presentar en algún restaurante de los tantos que abastecía. Así fue y en una semana Dani ya estaba cocinando en Europa, uno de sus sueños se cumplía gracias a mí y yo era muy pero muy feliz.
Después de un mes trabajando a full, el Negro quería buscarse un departamentito para empezar a hacer su vida acá más suya y, según él, no joderme más. Yo le dije que no se haga drama pero le convenía ir con Isabel ya que alguna gente no le gusta alquilarle a extranjeros y era mejor si iba con una “galleguita” como le decía él (él y toda mi familia). El jueves Dani tenía libre en el restaurante y dormía plácidamente mientras yo me iba trabajar como cada día e Isabel se levantaba con un montón de direcciones anotadas prolijamente en una libretita verde. Cuando llegué a la planta el camión estaba roto y mi jefe me dijo que me podía ir. Me metí en el auto y salí para casa. “Nos tomamos unos mates y después los acompaño a ver pisos” pensé. Estacioné, subí corriendo a casa y cuando abrí la puerta Isabel desnuda cabalgaba sobre la cintura de mi amigo del alma.
“Yo no tengo amigos –me dijo una vez el Gordo Martín, compañero de laburo-. Los amigos siempre te cagan, te vas a laburar y se cogen a tu mujer”. Esa predicción echa inocentemente 7 años atrás en una comida laboral me retumbaba en la cabeza aunque fue lo tercero que se cruzó por mi mente. Lo primero fue cagarlo a trompadas a él y lo segundo darle doscientos mil garrotazos en la cabeza a ella, pero no hice ninguna de las dos. Me quedé parado un minuto, inmóvil, en silencio masticando rabia. “Saben que: váyanse a la reconcha de su madre” fue lo único que pude decir antes de cerrar de un portazo y bajar la escalera llorando en silencio. Roto y otra vez solo.
Así como los amantes del tango sueñan con tocar el bandoneón o con ser uno de Los cantores de Varela, todo rocker (o la mayoría de ellos) es en gran medida a un músico frustrado, guitarrista -para más datos- en la mayoría de los casos. Este instrumentista es, junto al cantante, el centro de atención de toda banda de rock, blues, o reggae que se precie; y eso sin imaginar que el cantante y la primera guitarra son la misma persona, porque eso ya es pedir demasiado.
Los guitarristas no serían nada sin sus grandes escuderos rítmicos: los bajistas y los bateristas. Para compararlo al más fiel estilo argentino, podríamos decir que, seguramente, la hinchada de Independiente hubiera entonado menos veces el famoso Bo-Bo-chini, si no hubiera estado Giusti pegando patadas ni Marangoni devolviendo la pelota redonda. También existe, en los grupos más numerosos, el guitarrista ritmico quien brilla menos y hace el solo, sólo cuando lo presentan (un Burruchaga si se sigue la anterior tónica comparativa). Nadie sueña con tocar la guitarra rítmica en una banda, aunque después lo haga más que dignamente. Todos se imaginan ser Agnus Young, y nunca su hermano Malcolm; el ídolo es Satriani y no el que le aguanta el ritmo para que él se luzca y es más ninguneado que el que está al lado del cantante de Los Piojos.
Existen varios tipos de guitarristas entre los no profesionales, y a su vez estos se dividen en varios subgrupos. Los hay que tiene formación folclórica y se pasaron toda la primaria rasgando los acordes de Lunita Tucumana en los actos del 9 de julio, Zamba de mi esperanza y Valderrama en alguna actuación de fin de año, y desde aquí y casi sin darse cuenta pasaron a ser los principales interpretes de los temas de Gieco, Presente y Rasguña las piedras en todo fogón, picnic, campamento, reunión, fiesta de
Otro de los tipos son los músicos de carrera, los guitarristas de conservatorio con gran cultura musical y capaces de tocar sin cansarse piezas de Mozart, Bach, Wagner o Strauss ante la indiferencia de todos sus familiares que poco a poco comienzan a retirarse hasta que como por arte de magia regresan formando trencito cuando suenan los acordes sol-re-la de la intro de la bamba o si arranca algún “cuando te llamo por tele-fo-no y tu no quieres con-tes-tar…”. Algunos de estos respetables músicos se convierten grandes concertistas y otros, en cambio se conforman con hacer piezas clásicas en la calle o en alguna banda municipal, siempre combinado con trabajos “normales”.
Para terminar no se puede dejar de mencionar al grupo más entrañable (en el que se encuentra quien firma estas líneas): el guitarrista frustrado. Empezaron por hacer “air guitar” con Paradise city en los boliches de moda, luego después de trabajar de canillita en la plaza lograron comprarse la guitarra y hoy casi 20 años después apenas si rascan Knock’ in on heaven’s doors o algún punteo de Clapton. Nunca perderán la esperanza de poder tocar dignamente diez o quince temas y por el momento se dedican con tocar la guitarra imaginaria esperando que el semáforo se ponga verde (en ocasiones incursionan en el air drums) o a componer canciones para hinchadas de fútbol, así que no se sorprenda si algún día al abajo firmante parado en un paraavalanchas cualquiera sin remera y colgado de un trapo entonando algo como “si yo fuera de Caseros/ correría en patrullero/ si yo fuera de Merlo correría de local/por eso yo soy de acá/ soy del barrio de Devoto/ porque es un barrio de locos/ y todo el año es carnaval”.
En una tienda esotérica del Barrio Alto de Lisboa se vende un iPod que sirve para viajar en el tiempo si se lo utiliza en
Día a día (hora a hora diría yo), miles de nuevas bitácoras inician su andadura. Escritores en ciernes, proyectos de periodistas, cronistas en activo o en pasivo, adolescentes, humoristas, personas inquietas, australianos y hasta hinchas de Vélez abren blogs, todos y cada uno con diferentes expectativas y quizás con la única ambición coincidente de ser leído. Se podría asegurar sin temor a equivocarse y sin caer en la pedantería, que el número de comentarios es directamente proporcional a la satisfacción que produce. Este blog que ahora usted, curioso lector está leyendo (o no), supo sobrepasar alguna vez los cincuenta comentarios y llegaba a los treinta casi sin esfuerzo, ahora está en franca decadencia y la culpa, obviamente, no es suya.
Hace ya más de dos años que este espacio está abierto y después de un comienzo aciago en lo que a visitas se refiere, poco a poco la cosa mejoró y llegó a su máximo apogeo en aquel lejano ya septiembre de 2006, y luego de ese techo la curva descendió un poco hasta que se estabilizó en la veintena de comentarios. La situación empeoró a partir de octubre del año pasado, quizás un mes antes o uno después y se agravó definitivamente en 2008. Esta situación me llevó varias veces a estar a veinte minutos de bajar la persiana convencido siempre por algún comentario positvo, con una palmadita al ego, con un “por fin apareció don Sandro”.
Según el google analitycs, la gente sigue pasando, al menos los habituales e incondicionales que me siguen a todas partes, gane o pierda, juegue bien o juegue mal, olé, olé, olá. Muchos llegan buscando algo por varios buscadores, propios y ajenos a esta casa y al decepcionarse porque en esta página no encuentran el cancionero completo con acordes para guitarra, harmónica y órgano hammond de Sandro se dan a la fuga sin siquiera preguntar por mi en secretaría. Buscan cosas de Roberto Sánchez, ese alter-ego que me permitió una total impunidad para criticar despiadadamente a JAF, Bunbury o Tinelli sin temor a que ninguno de ellos (o los tres juntos) venga (vengan) a cagarme a trompadas. Fui peronista y radical, facho y progre, rubio y morocho, canté truco y me fui al mazo, siendo siempre yo o tal vez no.
“ Gracias le doy a
gracias le doy al Señor,
porque entre tanto rigor
y habiendo perdido tanto,
no perdí mi amor al canto
ni mi voz como cantor”
José Hernández
El doctor Jeckill de Villa Crespo
En todos los grupos de personas (barras de amigos, trabajo, cola de supermercado entre otros) siempre hay un gracioso y en algunos casos varios. Estos personajes a su vez se subdividen en grupos bien marcados: está el bromista, pesado como pocos, el rápido para poner apodos, el que hace de las anécdotas verdaderos shows, el que tiene facilidad para las imitaciones caseras, parodia al jefe, al diariero o a su primo con una facilidad increíble aunque es incapaz de imitar a Raphael y así hacer de su habilidad un trabajo y por último está el contador de chistes ese que siempre aparece, aunque sea en un velorio. Si investigamos dentro de este subgrupo encontramos al que es sin lugar a dudas es el conjunto de gente más insoportable que existe junto con los australianos, los colectiveros y los cantantes de cumbia: los explicadores de chistes.
El modus operandi de los explicadores de chistes es sencillo y lo siguen indefectiblemente cual asesino serial. Primero te cuentan el chiste en cuestión, por caso el que van Chackie Chan, Chuck Norris y Van Damme en un bote a pescar y cuando deciden el lugar Chakie dice: che Chuck tirá el ancla y este le responde no, ya ancló Van Damme. Ante la ausencia de risa no consideran en ningún momento que el cuento en cuestión es pésimo dan por hecho que no fue entendido y consecuentemente lo explican. “Ya ancló, yan-cló Van Damme, ¿entendés?, como el nombre, yan-cló suena igual que Jean Claude, ¿entendiste ahora?”, te repite y vos que lo comprendiste a la perfección, caballerosamente sonreís al tiempo que pensás que el chiste es patético. Si por el contrario te reís porque te causan mucha gracia los chistes boludos, el explicador inicia un proceso aún más insoportable: cada vez que te vea repetirá hasta el cansancio el final del chiste. En resumen, cada vez que se cruce con vos te dirá riéndose “ya ancló Van Damme” buscando tu complicidad.
Como en toda regla hay una excepción y en este caso hay claros ejemplos. En alguna parte de un espectáculo, Luis Landriscina decía, antes de su sección de chistes de gallegos, que sobre los españoles había dos grandes mentiras: que todos eran gallegos y que estos eran todos brutos; esta mínima explicación previa y a su vez queda graciosa en la entonación de él espelucado contador de cuentos. Por ejemplo yo puedo decir que el alcalde de Lepe le pintó a sus patrulleros el nombre de Julio Iglesias porque cuando fue a Inglaterra vio que los de ese país decían Police, pero si previamente no aclaro que Lepe (valga la redundancia) es una ciudad de la provincia de Huelva de la que se hacen en España los mismos chistes que en el resto del mundo se hacen sobre los españoles, el chiste carecerá de gracia para el que desconozca este detalle. Por eso es buena una explicación previa que pone al oyente del chiste en situación y además evita interrupciones odiosas.
Los explicadores de chistes no conciben de ninguna manera la ausencia de risa o de entendimiento. Sus gracias tienen que provocar tu carcajada sino se frustra y si bien cada contador de cuentos persigue el mismo objetivo hay caminos bien diferentes para lograrlo. El chiste debe entenderse por si solo, sin necesidad de repetir el final hasta que el oyente al menos mueca de sonrisa. Si el chascarrillo es bueno o no eso lo determina la subjetividad lo importante es que una vez terminado, termine (valga la redundancia). No me avergüenza confesar que en ocasiones no entiendo algunas bromas, pero en esa incomprensión está el desafío de entenderlo por mi mismo y me río cuando por fin lo interpreto, aunque hayan pasado horas (o días) y el contador de cuentos se haya retirado. En fin. Explicadores de chistes: a ver si de una vez y para siempre entienden que, como yo, hay muchas personas que no soportamos que otras, como ustedes, nos expliquen los chistes que no entendamos o lo que es peor, nos repitanlas gracias que si comprendimos, ad eternum.
Hay muchas clases de perros: grandes, medianos, chiquitos, de pura raza, mezclados, callejeros, de jardín, falderos, guardianes, juguetones, buenos y malos (muchas veces ambas cosas a la vez). Cada barrio tiene su propia fauna perruna, por ejemplo en el del que aquí firma estaban, el de nombre gracioso se llamaba “Cual” (puede ser noset, quien o igual que vos, según la barriada), el Derzú un ovejero alemán ciego que se chocaba los palos de luz y el más malo de todos sin dudas era el Lobo, propiedad de Don Alejandro el masajista sordo de la cuadra. Al Lobo poca gente lo vio, pero todos lo escucharon ya que su ladrido era muy potente, se comentaba que era cruza con lobo (de ahí su nombre), nunca salía y su filosa dentadura había quedado grabada en varios culos de la zona. Algunas hipótesis afirman que antes de morir su can, Don Alejandro grabó su potente vozarrón para hacerle creer a los cacos que, cual Elvis perruno, Lobo vive. Hoy ya hace años que el masajista y su mascota no están, y esa casa es más silenciosa y a la vez más insegura.
Cada raza canina tiene sus características propias bien diferenciadas. El pastor alemán, noble guardián y compañero, los cocker spanish y su inmadurez, la valentía de los perros chiquitos, la alegría del setter irlandés (el de un vecino, por ejemplo, llamado Arturo en honor a su cuñado también era pelirrojo), el galgo su elegante velocidad y el doberman, con su cerebro más grande de lo normal –según cuenta la leyenda- que provoca que de vez en cuando se le salga la cadena. Y precisamente el doberman (con permiso del dogo argentino) era en otras épocas el perro más malo que los tipos duros podían tener, pero con el paso del tiempo fue desplazado por rotwaillers, pit bulls y bull terriers hasta caer casi en el olvido; es por ello que cuando este humilde firmante recuerda a Rufo (un doberman amigo) y sus morisquetas o a Lobo y sus potentes ladridos, piensa, no sin nostalgia, que perrros malos eran los de antes.
fantasma. (del latín phantasma, y este del gr. Φάντασμα). (…) 3. imagen de una persona muerta que, según algunos aparece entre los vivos.
Esta es una de las tantas definiciones que el diccionario de
Miles de historias se han contado y se contarán sobre este tema y seguramente todos poseemos historias de aparecidos aunque nadie admite creerlas. En la época que trabajaba en la fábrica de los alfajores del lobo marino circulaba la leyenda de que por las noches solía aparecer por el tercer piso el fantasma de un trabajador que había muerto de un repentino ataque cardíaco mientras amasaba bizcochuelo. Nunca creí en esa historia, vale aclara que tampoco pasé del segundo piso en horario nocturno. En otra oportunidad un amigo me juró que mientras trabajaba en una obra vio parado en la escalera a un compañero que una semana antes lo había aplastado una pila de bolsas de cemento y hasta yo mismo sospecho haber visto un espectro caminar hacía mi como el malo de Terminador 2 mientras mal dormía una noche aunque esto bien pudo ser producto del abuso de algunas drogas duras como la pizza fría con mate y el jugo clight de pomelo rosado.
La existencia de los fantasmas nunca va a ser probada aunque tampoco creo que desmentida. Muchas preguntas surgen en cuanto a este tema: ¿Existe vida después de la muerte? ¿De verdad volvemos al mundo reencarnados en otra cosa? ¿River volverá a ganar la copa alguna vez? En fin, muchas preguntas, pocas respuestas mientras yo sigo durmiendo con la luz prendida.
Enero para mi es un mes de obsesiones, principalmente de dos que paso a enumerar. Desde que era un niño (y de eso hace bastante) tengo la costumbre de recordarme a mi mismo cada cosa que hago por primera vez en el año, una especie de ritual bautismal de cada una de mis acciones. Así pasan la primera canción que escucho, la primer película, el primer bocinazo, la primera zambullida, el primer pedo, la primera curda, el primer beso, el primer.."perdón pero de mi vida privada no hablo". Y después empiezan también las preocupaciones cuando van pasando los días y hay rubros que aún no tiene anotado su primer, pero eso ya sería tema para algún futuro texto sobre frustraciones.
Los asiduos de este espacio saben o al menos intuyen, que la navidad me rompe soberanamente las bolas. También lo conocen mi familia y mis amigos, quienes muchas veces me acusan de renegado o en el peor de los casos de amargo, y quizás tengan razón, pero mi naturaleza humana no evita que, año tras año, sienta esta desidia hacia las fiestas en general y al 24 en particular.
La tortura empieza el 8 de diciembre y se extiende hasta que junto la caca del camello el 6 de enero por la mañana. En este periodo la gente se enloquece, la fiebre consumista se multiplica y se utilizan palabras raras (borla, lameta) que no se escuchan el resto del año, la gente decora sus casa con pinos de plástico, miles de papas noeles salen a la calle y al Toledo, a regalar caramelos y tita’s mientras se hacinan dentro de su polar atuendo gentileza de la cocacola.
Otro tema navideño que me tiene a maltraer son las dichosas lucecitas, que un día entre los días abandonaron los árboles, para instalarse definitivamente en nuestras fachadas, en nuestros balcones y hasta en nuestros resilines. Ese parpadeo eterno, ese villancico agudo que se clava en la oreja, perfora el oído, taladra el cerebro y antes de perderse en la infinidad de la noche te revuelve las tripas. No quiero olvidarme de la amabilidad de las autoridades ciudadanas que, este año han decidido una vez más colgar las decoraciones lumínicas callejeras del balcón de mi casa, para que no pueda estar con las patas apoyadas en la mesita ratona tomando mate en tranquila oscuridad mientras escucho los grandes exitos de Gaby, Fofó y Miliki.
De todas maneras no piense usted, amigo lector, que soy un desalmado. Que incumplo mis compromisos familiares encerrado en una cueva hasta que pase todo. No. Ceno con mis allegados (sin necesidad de aguantar a ningún cuñado indeseable), compro regalos para las personas que sé que cada nochebuena tienen envuelto un calzoncillo con mi nombre bajo su árbol y hasta alguna vez me habrán visto – cuatro Ananá Fizz después- haciendo trencito al grito de “Camelia, Camelia, Camelia…Camelia de mi corazón…”. “Al final tanto quejarse para terminar como todo el mundo” dirá usted no sin razón, pero el placer de pasarme todo diciembre quejandome de las fiestas y todo el 24 criticando despiadadmente al cuñado indeseable que no hay que soportar, ¿quién me lo quita?.
El 21 de octubre se celebra en España el “Día de las vírgenes” (especie en extinción, por cierto), aunque en Mallorca es de los pocos sitios de este país dónde se le da cierta importancia. Los chicos cantan serenatas, regalan claveles a cambio de los tan preciados buñuelos, según marca la tradición. Con el paso del tiempo y la ya sabida escasez de vírgenes, las panaderías instalan en sus puertas grandes sartenes dónde regalan dichos pasteles a cambio de 5 euros el kilo.
El 23 de abril (según
El hombre es un animal de costumbres y los comerciantes lo saben, por eso las casas de disfraces duplican sus ventas en carnaval y en halloween, las florerías venden mucho el día de los muertos y en San Valentín, fecha que también aprovechan los vendedores de lencería, los sex shop y los restaurantes afrodisíacos y, el día del niño los jugueteros son más felices que los propios homenajeados. El día del padre y el de la madre, son diversos los rubros beneficiados, lo mismo que en navidad y en reyes, sin olvidar que en mi cumpleaños las mercerías de mi barrio agotan las existencias de calzoncillos y medias, y las perfumerías las de “Pino Colbert” (siempre hay una tía que no tiene en cuenta que los chicos crecen).
Algunas costumbres me atrapan (será por mi humana condición) casi contra mi voluntad: cumplo mi obligación de hijo el día de la madre y el del padre, con la de marido en los aniversarios, compro bombachas rosas en nochebuena y rojas en fin de año, le pongo pasto, agua y un cacho de pan dulce a Baltasar –mi rey mago favorito- y su camello, y el día del niño me siento en el cordón de la vereda a esperar en vano con mi complejo de Peter Pan a cuestas.
Por todo lo dicho anteriormente, no sería de extrañar que en un futuro no muy lejano, un domingo nublado de otoño o un sábado radiante de verano y con el beneplácito de los vendeores de guantes y los fabricantes de flechas,los cobradores de deudas instauren, sin ponerse colorados,el día del arquero.
En Europa, que suelen aprovechar cualquier ocasión para convertir cualquier día en comercial en este caso actúan diferente y notifican del comienzo de las estaciones en el momento justo. Es un placer leer en algún diario que a tal hora empieza el otoño, es decir comienza a disminuir el calor, los árboles se visten con hojas amarillas, las camperas regresan de su exilio en el ropero y las mujeres esconden sus formas con diversos abrigos (cosa que aumenta nuestra imaginación y disminuye los accidentes de tráfico).
Por otra parte, los poetas, novelistas, pintores, compositores de tango recuperan la triste inspiración que termina con las más tristemente hermosas obras de arte. Versos como “que ganas de llorar en esta tarde gris” o “la lluvia castigando mi angustia en el cristal” compiten en desventaja frente a “la primavera, la sangre altera” o “las olas y el viento zucundun, zucundun”. Los mates calentitos de la mañana, en pijama y pantuflas, son más ricos y es mucho más romántico meter los pies en una mesa camilla que en una palangana con agua fresca.
Mientras en América del Sur empiezan a pasear con sus camisas hawaianas, en Europa rescatan a los gamulanes del olvido. Mientras en un lado comienzan los falsos amores de primavera, en el otro comienzan calurosas historias de amor. Cuando unos empiezan a despertarse pegados a las sabanas los otros disfrutan durmiendo en cucharita. Mientras unos rezan para que vuelva el frío los otros comienzan a añorar el calor. Muchos prefieren las estaciones más calurosas, algunos las más frescas, por su parte Sandro disfruta de las tardes lluviosas y de las ventajas del otoño.
Cuando era chico (y de eso no hace tanto che!) las siglas eran más bien pocas. SA determinaba que una empresa era una sociedad anónima y también le daba nombre a un hotel alojamiento (aunque ya más grande me di cuenta que la gente no va a este sitio precisamente a alojarse), MOLM eran los colectivos que me llevaban a mi casa, EEUU los gringos del norte y RRPP mis superiores cuando era tarjetero de Archie.
Pero en algún momento de estos, nuestros días algo cambió. Caiga quién caiga empezó a ser CQC y Perdona nuestros pecados PNP, AC dejó de significar sólo antes de Cristo para convertirse en Andrés Calamaro y hasta este espacio alguna vez fue UMYUG (LFDLF). Antes las siglas eran de uso casi exclusivo de sindicatos y afines, y ahora sirven para nombrar programas de televisión, grupos de música y hasta farmacias de turno: La vela puerca es ahora LVP, No te va gustar es NTVG, Héroes del Silencio es HdS y JAF es un boludo (igual que Bunbury). En este matete (creo que ante el continuo atentado lingüístico se me permite esta licencia) idiomático tranquilamente se puede confundir a Soda Stereo con la policía nazi, a
Las siglas nos invaden, pueblan nuestras revistas, ocupan las primeras planas de nuestros diarios, abundan en las parrillas televisivas y si esto sigue así diremos MDUKDChPF para pedir un kilo de chorizos. La siglas, junto con los mensajes escritos con k, se empeñan en resumirlo todo y esto quizás es el signo d elos apurados tiempos que corren. Las siglas me tienen podrido y por mi se pueden ir a LRPMQLRP.
Julio no es de esas personas que consideran la mentira un pecado capital, pero la facilidad que ofrece la red para ocultar (o al menos disfrazar) la verdad le parece espantosa porque detrás del aparentemente inocente nick de Sandra, puede esconderse un asesino serial, la abuela de tu mejor amigo o el travesti de la esquina (que casualmente se llama Sandra). Feos que se mienten lindos, vagos que dicen ser trabajadores, adolescentes que afirman ser adultos, viejos que escriben todo con k, tipos que firman con nombres famosos, mentiras todas que distan mucho de aquellas que en sus años mozos el colorado había convertido en un verdadero arte.
Por ese entonces Julio se llamó Bryan, Byron, Ezequiel, Ismael, Gonzalo y Mauro. Fue restaurador de cuadros, químico en una fábrica de alfajores, dueño de un telo, hincha de Vélez, plomo de Charly García, fiscal peronista, amigo de Alejandro Lerner, extranjero, perito mercantil, porteño, futbolista profesional, surfer y camarógrafo de un canal de cable. Además visitó lugares tan exóticos como las Galápagos, Madagascar, Alaska y Necochea. Aquellas mentiras eran verdaderas joyitas que construía sin necesidad de esconderse detrás de una computadora, que surgían casi espontaneas cuando alguna oreja femenina se disponía a escucharlas, predispuesta a creer verdad cualquier fantástica historia que olvidaría ni bien cruzara la puerta, cómplice y a la vez compañera de juego que podría ser (según la ocasión) bailarina del Colón, secretaria del Intendente, jugadora de Hockey y dueña de un supermercado.
Esas mentiras de ayer no buscaban el engaño en si, no perseguían la estafa, no pretendían sacar ventaja, sino que eran quizás el reflejo de lo que cada uno hubiera querido ser, como una aceptación de las frustraciones. Por eso y también porque es un melancólico empedernido, el Colorado Julio está cada vez más convencido de que mentiras eran las de antes
Picnic, diez años después
Los cuatro amigos se reunieron como cada martes pera jugar al truco, comer pizza, tomar cervezas y recordar los viejos (buenos) tiempos. Pasó mucho tiempo y el asado del 1º de mayo reemplazó al picnic del día del estudiante hace varios años ya, alguno peina algunas canas, otro ya ni utiliza peine y las barrigas cerveceras se dejan notar. En plena alegoría melancólica decidieron que ese año volverían a celebrar el 21 de septiembre dejando de lado ciertos prejuicios y restandole importancia al nunca bien ponderado "que dirán".
La nublada mañana del veintiuno se encontraron en una de las casas, cargaron el citröen 3cv y tomaron dirección parque Camet. El equipo estaba listo: heladera playera con hielo, sanguchitos de milanesas, un vinito con jugo (para un abstemio disimulo), grabador (con pilas obvio), un cassette de Sui Generis y el Sol&Rock Nacional año ’85. La vestimenta era idónea para tal ocasión: pantalón de buzo, zapatillas, camperita adidas, y unos cortos debajo (por si salía el sol), sin olvidar los clásicos zoquetes. Ya en el parque, se mezclaron con la juventud, hablaron con alguna que otra señorita –casi siempre con escaso éxito- e hicieron de relleno en los picados ajenos. Se convirtieron en aguerridos laterales izquierdos, duros zagueros centrales, ágiles arqueros y soportaron estoicamente los “paselá señor”.
La semana pasada me robaron el stereo, “¿y a mi que me importa?” dirá usted, inquieto lector, “y no sea tan ansioso” diré yo, ignoto firmante. Retomo. Dicho suceso provocó que me quedara sin música en el auto, entonces decidí rescatar del baúl (el del coche, no el de los recuerdos) una vieja radio de cassette que derivó en estas líneas.
Primero procedí a rescatar algunas cintas que circulan por casa: Dios los cría en tamarindo, Doors, Stones, Beatles, Corderos, Charly, Radiohead, Santana, Redondos, Soda, Goyeneche, algún que otro recopilatorio y otros que directamente descarte como las clases de alemán y uno de Raphael que seguramente es de la vieja. Enseguida me acordé de la colección de cassette que, con caja de zapatillas incluidas (si no existieran los cassetes las zapatillas vendrían en una bolsa leí una vez en Fideos con Manteca), le regalé a mi sobrino como herencia roquera: más Stones, Ratones, Cadillacs, Abuelos, Calamaro, alguno original de la cbs cuando aún no era Sony Music, otros de Sony cuando todavía no era Bmg y el Puma Rodríguez -otra vez de mamá-.
Después seguí recordandome a mi mismo con el “Sol & rock Nacional ‘85” en el bolsillo parado-emocionado en la esquina de LuroIndependencia (Ojo! No Luro e Independencia, ni Independencia y Luro) y de esos crueles y desprolijos compilados con enganches imposibles: de Gun’s a Jackson, de Elvis a Poison pasando por Los Visitantes, sin escalas y adornado con la voz del locutor de turno susurrando “fm stereo rey”. Lengüetas de seguridad tapadas con cinta scotch, para grabar y regrabar por la eternidad, repuestos y herramientas para reparar las traicioneras enrolladas de la cinta, algodón y alcohol para limpiar el cabezal, y otros utencillos que formaban el ritual.
El cassette perdió vigencia poco a poco, primero el CD, después el mp3 y el romántico regreso del vinilo y mañana será otra cosa. Suenan mal, el arte de tapa luce poco, se arruina con el desuso, pero me traen tantos recuerdos de mis primeros coqueteos con la música: si, me trae recuerdos ese formato casi extinto. Asi que ya sabe, astuto lector, tenga cuidado que ese cassette que esta escondido en su repisa, ese otro que descansa en su guantera, ese que ahora está rebobinando con una lapicera para no gastarle las pilas al walkman, ese mismo, quizás sea el último cassette.
*si me copé con los títulos ambigüos, onda Sui Generis ¿y qué?
Entre un post de Neosatán y el programa de radio en el recuerdo que escuchamos en el trabajo me hicieron poner la melancolía a flor de piel, cosa poco difícil, reconozco. Todo empezó cuando en dicha emisión pasaronel tema ese de Bon Jovi que empieza haciendo “tarantaran taran taran” (eso es una guitarra pedorra) y mi compañero me dice ¿te acordas?.
Ustedes lectores que han pasado los treinta o andan cerca, no me dejarán mentir cuando diga que en los boliches bailables (también en los asaltos) pasaban lentos. Si, si y más de alguno de ustedes, picarones, habrán chapado de lo lindo al ritmo de Carry. La cosa era sencilla la sesión duraba una media hora y comenzaba unos sesenta minutos antes del cierre o sea que levantabas algo en esa media horita o te ibas a tu casa a rendirle culto a onán. El terreno era conveniente preparalo un rato antes, elegir la mujer e intentar una pequeña charla para que en el momento que empiece la música tranqui poder intimar y definir la jugada, caso contrario tenías que arriesgarte a pegarla ya con los lentos sonando. En este punto es cuando se sucedían los nunca bien ponderados bailás, dale un tema, dale un ratito, dale aunque sea una estrofa. Ya enzarzados en el baile, la técnica era simple: primero y primordial arrastar los pies para no pisar a la chica, después suaves palabra al oído, un besito en el cuello* como sin querer, una respiración entrecortada y ahí zas! el zarpazo definitivo que terminaba idefectiblemente en un beso apasionado o en un bife de campeonato.
Ya saben, los tiempos cambian, se aceleran. Los asaltos ya son historia a los lentos poco a poco los fueron erradicando, los remplazaron por los ritmos latinos primero y poco después por la cumbia, las rubias ahora son morochas, las morochas rubias y las pelirrojas, pelirrojas. Las técnicas de levante han cambiado y el hombre se adaptado a los tiempos, aunque a más de uno (como a mi) se le piante un lagrimón cuando en alguna radio suena Axl susurrando Don’t cry.
*estaba a punto de poner cogote pero me arrepentí
Con el paso del tiempo este costumbre se fue trasladando a otros ámbitos de la vida, así los choripaneros instalaban sus parrillas, en cualquier amuchamiento de gente. Recitales, salidas de boliches bailables, velorios, maratones, partidos de tejo, playa del puerto y otras aglomeraciones. Cuando uno frecuenta algunos de los sitios arriba citados, ya empieza a conocer a estos expendedores y como uno va teniendo sus preferencias. A mi particularmente, me gustaban los inigualables choris del "Gordo" uno de los casi infaltables.
Muchas leyendas se tejieron alredeor de estos personajes y especialmente del citado choripanero obeso (pero usted lector sabe que a los exitosos en Argentina siempre se los critica). Que "deben tener autoización", que "vaya una a saber de que estan hechos" y todos esos comentarios que hacen las vecinas envidiosas cuando salen a barrer la vereda. Algunos se atrevieron a decir que los sanguches estaban embrujados otros fueron más lejos aún y afirmaron sin dudarlo que el "Gordo" en realidad era el mismisimo diablo..... y les creo , mire, sino como se explica que un tipo con las manos tan mugrientas haga unos choripanes tan ricos.
1. Cada jugador cuenta con 8 cosas de sí mismo
2. Además de las 8 cosas tiene que escribir en su blog las reglas.
3. Por último tiene que seleccionar a otras 8 personas y escribir sus nombres/blog.
4. Por supuesto, no hay que olvidar dejarles un comentario - que han sido seleccionadas para este juego.
2. soy de Mar del Plata pero hace 8 (oh! que casualidad) años que vivo lejos de Argentina, eso hace que, entre otras cosas, se me haga muy dificil comentar en algunos post, políticos, televisivos y /o de ciertas modas. A veces se complica comentar del verano cuando estoy cagado de frio y visceversa.
3. Pasé los 30 hace muy poco
4. Me rompe soberanamente las bolas que un pendejo/a me diga señor...
5. Tengo un gran mal humor por las mañanas, necesito entre 15 y 20 minutos de silencio para recuperar mi alegría y dicharacherismo.
6. Me gusta la música (rock,blues, tango, algo de jazz y algunas fusiones), el cine y la literatura (mi favorito es Benedetti)
7. Hablo con muchas malas palabras, algunas muy personales como : empomar, engrampar y embambinar y otras más clásicas. Cuando manejo este modo de hablar se multiplica por mil. Insulto de la semana: Que me tocas bocina* la concha de tu hermana!!!
8. Soy periodista aunque ejerza poco y trabaje de cocinero.
Esto es algo de mi. Les comento que no fue tan feo che y que al final algo quedó afuera. Seguramente lo publicaré en stereo. Y ahora lo más bravo, pasar la posta. No sin antes pedir perdón selecciono a: Gustavo, Alejandra, Gonchi, Penélope, Sr M, Lechu Nicanor, Drácula con tacones y Pésame.
Salud y buenos alimentos
*Esto es reemplazado por: anda más rapido vieja y... o Dos horas para estacionar viejo y...