Brindo contigo

Pasaron ya 365 días desde que se publicó este humilde post inaugural. Una foto y un par de palabras iniciaron el camino que hoy cumple su primer año de vida. Si señoras y señores, si lectores, si amigos: Una muchacha y una guitarra (la fórmula de la felicidad) cumple su primer aniversario y mientras esperamos la llegada del cliente un millón con una canasta de mercadería y 100 pesos en luncheon check, procederemos demostrar nuestra gratitud.

Muchas gracias a todos los que han comentado alguna vez en este humilde espacio, a los que les ha gustado más, a los que les ha gustado menos, a los que les ha gustado más o menos y a los que no les ha gustado. Gracias también a los amigos que post a post están ahí y a los amigos que no pasan nunca ni siquiera a tocar timbre para luego darse a la fuga. Gracias también por creer verdad las muchas fantasías que acá se publicaron y por creer mentira las no pocas historias verídicas que tantas veces ilustraron este blog.

Al usuario anónimo que saluda a su vieja (al que se lo banca a muerte) y a todos los amigos que conocí por este medio (no nombro a nadie para no quedar mal –típico lugar común-) infinitas gracias. Seguramente no hubiera sido nada sin ustedes y sin alguna gente que nos acompañó desde el principio, algunos siguen hasta hoy; gracias…totales.*

Sandro y los de fuego

*esto nos suena de algún lado pero no estamos muy seguros de dónde

Todo es relativo (o el tiempo es dinero)

En este mes y medio alejado del cyberespacio tuve tiempo de sobra para pensar y llegue a la conclusión de que todo es relativo. Imaginen, lectores, mi desilusión mayúscula cuando me entere de que a Einstein se le había ocurrido primero que a mí y sin necesidad de romper la computadora.

Un mes y medio, amigos puede parecer poco o mucho, todo depende de cómo se lo mire. Puede parecer mucho, como para pagar Internet sin usarla o poco por no pagar ninguna boleta de luz, 45 días parecen muchos aunque 6 semanas parecen pocas. De lo que no hay duda es que en este mes y medio (y no creo que sea por mi ausencia) el mundo ha cambiado y mucho o al menos pasaron cosas muy relevantes.

Murió Boris Yestin, casi lo sigue Maradona, falleció Victor Sueiro y volvió a revivir, Messi calcó el gol de Diego a los ingleses, y descubrieron que Floyd Landis se inyectó testosterona sintética ( se endrogó, vamos!!) para pedalear más rápido que todos en el tour de Francia. Se jugó un Boca-River, cambié de trabajo, y estuve a punto de darle una paliza a un técnico informático. Todo eso en el escaso mes y medio que duró mi exilio cyberiano.

Así que ya lo saben astutos lectores, según desde el punto de vista con que se lo mire, todo (y sobre todo el tiempo) es relativo… Y no me vayan a andar haciendo bombas atómicas con mis ideas eh!!

Ultimo momento!!!

Debido a la gran cantidad de muestras de apoyo recibidas me veo en la obligación de aclarar que si no pasa nada extraño y si los dioses informáticos así lo disponen, está semana volverá este humilde espacio a realizar su programación habitual y con ello regresará también el consiguiente tour por blogues vecinos y/o amigos. Gracias...totales

¿Qué?¿No sabe, usted lector, de que hablo? Eso le pasa por no ver Crónica tv*




*Leer esto al ritmo de Turf

Carnaval toda la vida


Una calurosa y húmeda tarde de febrero, el Colorado Julio, tomaba unos mates debajo de la planta que tiene en el patio de su casa mientras escuchaba un cassette (tdk negro) de Llos Fabulosos Cadillacs que había encontrado en una desvencijada caja de Converse convertida en archivo musical de su juventud. Mientras pasaba la cinta los recuerdos inevitablemente le pasaban como flashes, pero por la fecha y por los ritmos hubo uno que resalto sobre el resto: el carnaval.
Empezó recordando aquellos primeros disfraces de indio o de payaso, esas interminables guerras de bombuchas de varones contra mujeres del barrio, en la que perseguían (junto a los demás sabandijas) a Patricia -más desarrollada que el resto- ya que los bombazos de agua despertaban sus tímidos pezones. Pasó por su mente cuando con el enano Palacios apuntaban con la nieve la cabeza de un pelado en el humilde corso del barrio sur o aquella vez que iban al desfile principal de la calle 9 de Julio y encontraron una calle vacía de murgas y comparsas, (aunque llena de papel picado y latas vacías) porque el carnaval había terminado mientras ellos se entonaban con vino en caja rebajado con jugo Tang en la casa del gordo Papagni.
Su cabeza repasó también ese Cura perverso que encarnó el día del cumpleaños de la futura ex de su amigo disfrazada premonitoriamente de bruja, pero esa es otra historia. Hoy son otros tiempos. Lla gente, apurada, ya no se disfraza y del corso del sur no queda ni siquiera las latas vacías. Julio, apura el penúltimo mate de una chupada larga y justo cuando hace ruidito del final suena el teléfono (y va como un loco a su encuentro): “Hola (…) ¿qué hacés Gordo?, justo me estaba acordando de vos (…) ¡en serio me decís! (...) buenísimo, me cambio y voy para allá”

Cartas al director


En estas fechas señaladas por el calendario gringo mucho se publicara en blogs, diarios y, porque no, revistas. Algunos a favor, otros en contra pero todos mencionando dicho suceso que de un tiempo a esta parte invade todo lo conocido, desde carteles de florerías pintados con tiza hasta placas rojas. Entonces en UMYUG (LFDLF) –faaa!- hemos decidido unilateralmente publicar nuestra primera carta de los lectores.

“Señor Director: me dirijo a este medio porque me encuentro realmente indignado. Y esta sensación me invade la primera quincena de febrero de cada año de estos últimos tiempos y no es que yo tome mis vacaciones en esa fecha, ni que me moleste el clima de este mes, no. Es que literalmente, y perdone la expresión, me r… las pelotas (o era rompe las p…) San Valentín.
No sé porque por estos lares hemos tomado la costumbre de conmemorar tan gringo festejo y nos es que los gaucho no nos enamoremos sino que lo hacemos de manera más digna –más caballerosa si se quiere-, sin guiarnos por un almanaque para llevarle flores a nuestra china. Y me he percatado también que no es un mal sólo nuestro ya que dicho santo se festeja ahora en cualquier parte del mundo ya este uno en Lima, en Barcelona, en Sydney o en Cañada de Gómez.
Así señor director, en este tiempo, taxistas, colectiveros, bailarines de cumbia, fabricantes de alfajores, vendedores ambulantes, hinchas de Banfield, tapiceros, canillitas, acomodadores y demás se dedican a comprar, flores, a mandar tarjetas y a comprar colonias, pero ninguno se acuerda de felicitarme”

Valentín Olavarría
Arquitecto
L.E: 5.825.777

Grande Ma!


La actualidad vuelve a Una muchacha y una guitarra (la fórmula de la felicidad). Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, visitó estos días Turquía, allí además de tratar temas referidos a la economía tuvo la cortesía de visitar los lugares más característicos de Estambul y sus alrededores. Así fue como llegó a la mezquita de Selimiye en la vecina Edirme dónde fue obligado a descalzarse dejando ver sus dedos gordos a través de sus agujereadas medias azules.
Y sabe usted, astuto lector, que no es una cuestión de platita para comprar medias nuevas, ni tampoco es la falta de tiempo para zurcir las susodichas, no, el tema es que quizás este pobre hombre rico no tuvo nadie cerca que le marque los pasos a seguir. Quizás nunca escuchó ese maternal: “ponete las medias limpias” o “¿te cambiaste el calzoncillo?”. Algo que molestaba bastante porque “¡voy a los fichines nomás!” argumentaba más de uno y ahí como puñalada certera la argumentación “¿y si te pasa algo?” convencía a cualquiera irremediablemente de cambiarnos la ropa interior.
Por eso, y no por otra cosa al abajo firmante (Ja! como me gusta nombrarme en tercera persona pero haciéndome el distraído), en parte le da lástima Wolfowitz, porque si sale así en los periódicos del mundo es porque no tiene a nadie que lo llame por teléfono para decirle “¡viste como saliste en el diario!”. Ahora, este humilde cronista (¡ja otra vez!), que muchas veces refunfuñó ante estos consejos, los agradece y no se olvida que antes de salir no debe olvidar el pañuelo ni que tiene que ponerse las medias sanas y los calzoncillos limpios.

Persevera y triunfarás


Sabido es para los habituales lectores de este humilde espacio que aquí se suelen mezclar historias reales con algunas que no lo son tanto. En este caso la realidad vuelve a ocupar protagonismo, aclarando sin embargo que los nombres han sido cambiados, para proteger la identidad de los protagonistas, en algún caso y por olvido del autor en otros (y los años no vienen solos). Hecha esta aclaración a modo de introducción o más bien de relleno, ésta es la historia.
Corría el año 1998, Sandro y el Negro disfrutaban de su incipiente independencia y su departamento era el punto ineludible de reunión antes de salir los sábados. Allí concurrían asiduamente Tincho, el Gordo, Melchorri, Gaby, el Cabeza y el Usuario anónimo que saluda a su vieja a tomar algunas bebidas sobre todo con el objetivo de ir calentando el garguero para más tarde. Desde el célebre 8º E partían rumbo hacia el bar de siempre por varios motivos: tenía un poco de onda, se llenaba un poco, solía aparecer alguna que otra novia perdida y la cerveza era más barata que en otros bares.
Ya en el lugar se encontraban casi siempre con las mismas personas, una de ellas –involuntaria protagonista de ésta historia-, llamada Sil (denominada así por culpa de los borrachos recovecos de la memoria que impiden recordar si era Silvia, Silvana o Silvina) y posible novia de alguno de ellos, con la que se producía esta habitual conversación y no menos surrealista conversación:
-Holaaa Sandro ¿como estás?
-Acá estoy como León Gieco: viejo, solo y borracho

….Siete días más tarde……..
-Holaaa Sandro ¿como estás?
-Acá estoy viejo, solo y borracho
-Ahhhh como Víctor Heredia
-No como León Gieco

...una semana después...
-Holaaa Sandro, ¿seguís como Víctor Heredia?
- Como Gieco, Sil, como Gieco…

Esta misma situación se siguió repitiendo por varios sábados e incluso llegó a producirse algún viernes y no se sabe a ciencia cierta cuando fue que terminó, aunque se sospecha que fue el día en que Sandro cambió el saludo. Algunos investigadores privados y también testigos de dudosa credibilidad (como el cartonero Báez) afirmaron que concluyó una lluviosa noche de agosto cuando, en un avanzado estado etílico, Roberto se dio por vencido:
-Holaaa Sandro ¿Cómo estas?
-Como siempre: viejo, solo y borracho
-ah igual que Víctor Heredia
- Si, Sil igualito, igualito…..

Llegó el verano

Ya pasó la nochebuena, ya pasó la navidad (“y el regalo de papá” prometido al final nunca llegó -ja-), ya pasaron Melchor, Gaspar y el negro Baltasar, y así sin darnos cuenta y sin aviso previo llegó el verano (o el invierno según dónde lea esto). Nos distraen con lucecitas, papanueles, arbolitos y cuando queremos acordar estamos a 40 grados a la sombra y con el pescado sin vender.
Llegó el verano y todavía no sabe que hacer en las vacaciones: mar o montaña, Punta o Mardel, tinto o blanco y todo esto por estar más preocupado por las fiestas que por decidir estas cuestiones fundamentales para sobrevivir en la temporada estival. Así enero nos encuentra sin destino fijo, sin decidir definitivamente si ver la de Corona o la de Sofovich, con la dieta en “mañana empiezo” e intrigado por saber si ese “vecino tuyo” entra o no en “Gran Hermano”. Llegó el verano, y usted lector, preocupado por las navidades no se enteró y eso que en crónica lo avisaron con tiempo. Llegó el verano y con él, calor, humedad, movileros en la playa, programas pedorros desde la costa, canciones pasajeras con coreografía incluida, todo esto y mucho más habrá que soportar en los próximos dos meses, esto y algunas cosas buenas que seguramente se habrán enumerado en algún otro espacio.
Llegó el verano y a este humilde cronista (o sea yo) no lo (me) agarra desprevenido porque tiene (tengo) puesto ya la bermuda floreada, la camisa hawaiana, la cámara de camión, la garrafita para calentar la pava y el barrenador de telgopor en el baúl del auto desde octubre o noviembre dispuesto a poner rumbo hacia Punta…Punta Lara obvio.

Ya pasó la nochebuena!

La navidad ya pasó, ahora viene el fin de año y a todo el mundo le da por hacer balances, resúmenes y demás enumeraciones del tipo lo mejor y lo peor de estos 365 días que formaron el 2006 o que mejor dicho todavía están formando. A mi no. De momento estoy muy ocupado para hacer eso porque lo que me preocupa ahora es la proximidad inminente de la llegada de los Reyes, pero no es que me inquiete en sí el arribo de los magos de oriente y el consiguiente acarreo de agua y pasto que esto conlleva, sino que lo que me quita el sueño son los regalos.
Y no vayan a pensar que soy interesado, porque no es algo que me quite el sueño, pero siempre gusta que se acuerden de uno y como este año la verdad es que me porté bastante mal, me conformo con poco. Me alcanza y me sobra con que no me traigan los discos de Jaf y menos me inviten a un recital suyo, ni en ninguno que participe Giardino. Tampoco quiero entradas para ningún espectáculo veraniego de Luis Aguilé o de Jorge Corona. Otra de las cosas que tampoco me hace especial ilusión es cualquier libro (afanosamente inspirado) del amigo Jorgito Bucal y por las dudas aviso (ojo) de Coelho tampoco -y si algun lector lo conoce que le avise que cansó- que ya me bastan y me sobran.
Como verán soy hombre de pocas pretensiones, me conformo con el clásico calzoncillo y el no menos clásico par de medias. Bueno amigos, a la espera de su anticartita de reyes magos, me despido por este año y les deseo a todo el que pase a saludar por este humilde espacio que el 2007 los encuentre mamados y en pelotas. Y por las dudas que se le cruce a algún desalmado por la cabeza, aviso, ni se les ocurra dejarme en los zapatos un pino colbert y el dvd de los midachi!!!.

Más vale post conocido....

...señoras y señores...próximamente.. podrá disfrutar... a los mejores precios del país...de este nuevo y humilde espacio entitulado El cabaret de Sandro...
La inauguración está en proceso de preparación y está calculada para pincipios de año próximo y cuenta con el inestimable apoyo moral y cívico de Penélope, el usuario anónimo que saluda a su vieja, el sr M, sin olvidarnos de la vieja que no devuelve la pelota que disparó la idea y a r.-corre ambulancias que llevó el arbolito. Espero que les guste que se sientan cómodos, que chupen whisky y por favor no me degomiten la moqueta.
...enero 2007...atendido por sus dueños...El cabaret de Sandro...

Sandro y los de fuego
Dpto de prensa y relaciones públicas

Se me prendió la lamparita

La Nochebuena está a la vuelta de la esquina. Papanueles, arbolitos, luces en casas y calles, vidrieras decoradas, venta pirotécnica y publicidades de perfumes al por mayor así lo demuestran. El termómetro de mi melancolía se pone colorado y me recuerda, como cada año en estas fechas, que no me gusta la navidad.
Son muchos los motivos por los que estas fechas no me atraen demasiado y con el paso del tiempo cada vez menos, la verdad: multitudinarias cenas de empresa, excesos de comida y alcohol, interminables tardes de comprando regalos para sobrinos y demás parentescos cercanos, y un sin fin de etcéteras. Y si a esto le sumamos que Papá Noel no se acuerda casi de mí (o por el contrario considera que no me porto muy bien), y todas las navidades me traen calzoncillos y medias (como mucho una remera), convengamos que me sobran las razones para ser reticente a esta festividad. Tiene su lado bueno como las reuniones de amigos y con los deseables de la familia, pero esto me gusta hacerlo todo el año, por eso trato (o tratamos mejor dicho) de que esto no sea una exclusividad navideña.
algunas de las cosas antees enumeradas llegado el caso trato de soportarlas lo mejor que puedo, pero hay algo de la Navidad que me supera: son las luces de colores. Invento gringo importado de películas del sábado a la tarde y que algún inteligente se le ocurrió trasladar a las calles de mi barrio con tanta mala suerte que una de las tiras de lamparitas, repartidas con pésimo gusto, empieza en el balcón de mi vecina y llega hasta la vereda de enfrente con una suave diagonal lo que hace que inevitablemente iluminen mi sofá cuando se encienden tipo diez de la noche. Imagínense amigos, me siento tranquilo, solo y a oscuras con mi Mirinda de naranja, mis pies descansando en la mesa ratona y dispuesto a disfrutar de mi dvd pirata de ”Jonhy Tolengo , el majestuoso”, cuando se encienden las luces y me joden el ambiente.

Lecturas para el baño

En un momento de ocio laboral (en otras palabras estaba el pedo) me puse a leer una de las tantas revistan que pululan por ahí, que dicho sea de paso hasta hace poco ignoraba que dichas publicaciones contenían letras. Hubo una de estas entrevistas que me llamó poderosamente la atención y que me empujó a rescatar los mejores momentos para nuestra habitual sección “que leer cuando en el baño del laburo no hay más que esto”.
Dicha cantante (?) de música latina definió su disco como “picoso, rebelde, cañero, fresco, real” y resaltó como mejor frase de su autoría (si, si compone!!!) es la que dice “de broma en broma, la verdad se asoma” que a mi humilde criterio no está muy lejos del famoso refrán que reza "hablando de Roma…". En esas líneas remarcó que no le gusta beber hasta quedar estúpida algo de lo que, entre nosotros, se acordó tarde. A la mexicana le gusta sentirse “en contacto con la naturaleza, con los indígenas de Chiapas, con el subcomandante, comiendo con las manos, descalza con una cerveza y ya” al tiempo que remarcó que hace música (jajajaja) “para que alguien llegue a sentir lo que yo siento, pienso en comunicar, en conectar”.
En esta entrevista la popular intérprete despejó maliciosas dudas destacando como parte preferida de su cuerpo a “mi cerebro” y comentó también que ya hizo un cover de una canción de Kiss (no me lo imagino, aunque juro que lo intento) y que ahora le gustaría versionar un “rock & roll en español de los parchís”. Por último y luego de leer también alguna que otra frase gloriosa del tipo “soy un ser humano, hago pis y tengo moco” a mi sólo me restan por decir cuatro palabras: Paulina… andá a laburar!!!

Tribulaciones y lamentos de un tonto...

Mientras degustaba plácidamente mi última Teem llegué a la conclusión de que en este último tiempo tengo la inspiración amputada. El posteo semanal se convirtió en quincenal gracias a eso y a la inestabilidad horaria laboral producto de la ensalada mental de mi jefe. Entonces para actualizar este humilde espacio decidí abrirlo nuevamente a ustedes lectores pero con alguna pequeña condición.
Sabido es por muchos mi aversión hacia la persona de JAF por un cúmulo de motivos pero principalmente porque me parece un boludo. Tampoco me banco a Walter Giardino porque en todas las canciones tiene esa actitud de “miren que bien que toco”, ni a Enrique Bunbury quien va por la vida en actitud de “soy una estrella de rock”. Maná me cae mal, empezando por su cantante cada vez más parecido a la bruja del 71 y Shakira con su voz ¿quebrada? me pone nervioso y mucho. Y para finalizar con las quejas musicales dejo a la cumbia (a la autóctona claro, no a la colombiana), siempre y cuando tengamos en cuenta que se le pueda llamar música.
Osvaldo Laport, Boy Olmi, Marcelo Tinelli encabezan mi lista nacional de detestables (obviando la orientalidad del primero) en tanto que Jackie Chan, Chuck Norris, Steven Seagal, Van Damme y Jim Carrey se pelean por el liderato en la sección internacional. En el ranking local pensé en incluir a Miguel del Sel aunque en realidad quien merece estar es el que le hizo creer que era el tipo más gracioso de la Argentina. También merecen estar en la lista ciertos políticos (o todos) pero la lista sería muy larga, al igual que la de periodistas aunque esta estaría encabezada por Hadad, Gelblum, Nuestadt y el diario Clarín.
Hay también otras cosas/personas que me molestan pero por el momento presento a las famosas, y me guardo las domesticas para otra oportunidad. Estas son mis quejas, en las que por cierto me olvide de incluir a Robbie Williams, ahora lectores abro mi espacio así me cuentan las suyas o simplemente para que refuten las mías.

Y... soy un melancólico


En estos tiempos melancólicos que corren en mi vida recurro a la primera persona del singular para compartir este recuerdo que quizás cierre el círculo. Ya no veo que haya en mi barrio, se hace más bien tipo venta directa, casi puerta a puerta.
A mi particularmente me recuerda a interminables tardes de limpieza, decoración y cocina materna, algún que otro viaje a Necochea, griterío femenino y difícil acceso a la participación salvo en caso de competencia que necesite una cantidad de jugadores pares y, siempre y cuando los asistentes sean exactamente lo contrario. Igualmente debo reconocer que, a pesar de mi escaso protagonismo, era divertido ver ese comportamiento casi infantil de todas esas “viejas” de treinta y pico.
Lo más entretenido para mi en aquella época, eran aquellas arriesgadas excursiones previas en las que, en compañía de mi primo, nos aprovisionábamos de pasta frola, buñuelos rellenos de manzana, y los codiciados anillitos de las galletitas surtidas de Bagley. Además de tomarnos la Tab, la Mountain Dew o la Gini (esa con la botella grande de ¡1 ¼ litros!), a las que luego le agregábamos agua o soda para que noten su falta, de más está aclarar que nadie notaba la diferencia de sabor y por eso los robos sólo se podían realizar en las susodichas marcas.
En resumen en esta era moderna, con las gentes tan ocupadas en temas serios y teniendo en cuenta que estos productos se consiguen fácilmente en el Carrefour, o en un todo por dos pesos y hasta en los bazares chinos, desgraciadamente ya no se pierde el tiempo en hacer reuniones de Tupper. Una lástima.

El cumpleaños de 15

“El pibe tigre a-quell/del barrio Carlos Gar-delll…”, la voz de sierra eléctrica que salía del aiwa de 5 discos retumbaba en todo el patio y amenizaba la solitaria mateada de Jorge Fernández aquella cálida tarde de marzo. En medio del recital (sobra aclarar que entre mate y mate el muchacho berreaba de lo lindo), llegó una adolescente pelirroja, sobre en mano:
-Hola Lorenita ¿que haces por acá?
-Vine a traerte la invitación para mi cumple
- ¡15 ya!, como se pasa el tiempo che

En ese momento Jorge empezó a recordar aquella época en la que junto con el colorado Muñoz, el enano Palacios y el gordo Papagni, frecuentaban cuanto cumpleaños de 15 había en el barrio o fuera de él, estén invitados o no. La vergüenza del vals, las expulsiones cuando era descubierta su calidad de colado o las escapadas a jugar al bowling cuando la fiesta era muy aburrida. Las noveles borracheras, las infaltables vaquitas pro-compra de cigarrillos para echar los primeros humos de Saratoga, Derby suaves, LeMans azul y los infaltables Kool mentolados, más al alcance de su precario bolsillo adolescente. En ese garabato de recuerdos se mezclan imágenes de las primeras salidas a los asaltos del barrio, dónde los 4 inseparables caían con sus respectivas botellas de gini-cola, crush o fanta pomelo para fingirse expertos bailarines de Lambada con el único objetivo de conseguir acercamientos femeninos…

-che, tío ¿dónde estas?
-eh
-estas como, no sé, en otro lado
-no, no es nada, pero llevate la invitación, no la quiero
-¿Qué, no venís?
-Si lore, si, pero sabes que: prefiero colarme.

El hombre que jugó al truco con el diablo

El colorado Julio era muy ducho en asuntos de naipes, además de pelirrojo claro está. Adquirió grandes habilidades en las horas libres de su época de regular estudiante del bachiller pedagógico. Era muy bueno jugando al truco y al tute cabrero (quizás el mejor del pueblo), pero carecía de suerte en el chin-chón y en la loba, y era totalmente torpe en la escoba de 15 (tal vez por sus carencias matemáticas), a tal punto que la gente comenta que una noche -algo entrado en copas- levantó dos veces seguidas el siete de oros por confundir su mazo con el de repartir.
Una fría tarde de verano (¡tiempo loco!) el colorado estaba en el bar del pueblo haciendo un solitario pirámide cuando llega un parroquiano a comentar que un forastero trajeado, presumiblemente de la capital, se viene presentando como campeón de truco. Julio levantó apenas la mirada y siguió en su tarea. El foráneo elegante, con traje rojo, camisa negra, corbata al tono, anillo de oro con una piedra colorada en el dedo chiquito (uña larga incluida) se acercó a la mesa del muchacho y le dijo:
- Usted es Julio Muñoz
- Si
- Dicen que es muy bueno jugando al truco
- Eso dicen.
- Yo soy Gutiérrez, me dicen “el Diablo” Gutiérrez –gritó-. Le juego
- Déle.
- Me dicen el diablo porque lo soy, Muñoz –le susurró mientras se sentaba-.
- ‘Ta bien -respondió Julio, incrédulo como siempre-.

Gutiérrez se sentó, y luego de determinar quien era la mano y que el partido sólo se jugaría a 15 malas, procedió a mezclar para comenzar con le juego. Fue un encuentro parejo con idas, venidas, mentiras, verdades, truques y retruques, hasta que después de casi media hora llegaron empatados a 14 a una última e inevitable mano. El bar estaba en silencio y expectante. El colorado repartió. El Diablo se acarició su chivita, sonrió dejando brillar su diente de oro y jugó callado el as de oros. Julio lo miró a los ojos y le dijo “falta envido”. “Quiero 26” respondió el visitante. Julio con una leve mueca de sonrisa, orejeó otra vez sus 33 de espadas, volvió a sonreír y le dijo “son buenas” mientras se iba al mazo pensando que para vencer al diablo no es necesario ganarle, basta con engañarlo.

Picnic, diez años después

Los cuatro amigos se reunieron como cada martes pera jugar al truco, comer pizza, tomar cervezas y recordar los viejos (buenos) tiempos. Pasó mucho tiempo y el asado del 1º de mayo reemplazó al picnic del día del estudiante hace varios años ya, alguno peina algunas canas, otro ya ni utiliza peine y las barrigas cerveceras se dejan notar. En plena alegoría melancólica decidieron que ese año volverían a celebrar el 21 de septiembre dejando de lado ciertos prejuicios y restandole importancia al nunca bien ponderado "que dirán".
La nublada mañana del veintiuno se encontraron en una de las casas, cargaron el citröen 3cv y tomaron dirección parque Camet. El equipo estaba listo: heladera playera con hielo, sanguchitos de milanesas, un vinito con jugo (para un abstemio disimulo), grabador (con pilas obvio), un cassette de Sui Generis y el Sol&Rock Nacional año ’85. La vestimenta era idónea para tal ocasión: pantalón de buzo, zapatillas, camperita adidas, y unos cortos debajo (por si salía el sol), sin olvidar los clásicos zoquetes. Ya en el parque, se mezclaron con la juventud, hablaron con alguna que otra señorita –casi siempre con escaso éxito- e hicieron de relleno en los picados ajenos. Se convirtieron en aguerridos laterales izquierdos, duros zagueros centrales, ágiles arqueros y soportaron estoicamente los “paselá señor”.
Sobre las seis de la tarde, cansados, decidieron regresar. Se subieron al citröen y al ritmo descontrolado de “hubo un tiempo que fui hermoosooo…” pegaron la vuelta. Los cuatro, sucios, alegres, cantando a grito pelado, sonrisas que de a ratos se en convertían carcajadas. Esta tarde habían regresado un poco en el tiempo, se sintieron por un rato como en aquellas épocas de estudiantes y porque no, como en esos primeros años postsecundario cuando se seguían colando en los primaverales picnics con la única intención de cosechar amistades femeninas.

Seguime Chango (a pedido del público)

Si un nombre ha surgido en muchas opiniones y otras yerbas, ese es el de José de Zer, el primer periodista showman de la televisión argentina y que llevó de la mano a un Noticiero a los 45 puntos de rating, algo impensado en esos entonces y por estos, claro.
Todo empezó con la vibrante historia de los ovnis en el cerro Uritorco, cuando José Keizer (tal cual rezaba su dni) perseguía unas luces bailarinas en el cielo al grito de “seguime Chango, seguime”. Esta serie de reportajes le trajo a Nuevediario una audiencia impresionante, al pueblo miles de turistas y a De Zer una fama increíble. Gente que decía haber tenido encuentros con extraterrestres (y hasta sexo), expertos en ufología de todo el mundo corroboraban su historia, miles de personas imaginaban una civilización alienigena en las entrañas del Uritorco, y todo porque por la noche, Carlos “Chango” Torres (el famoso con el rostro más anónimo de la televisión) capturaba los coches que fluían de Cruz del Eje a la sierra, un cordón de luciérnagas enredándose en la montaña que aparentaba naves espaciales emergiendo y desviándose a la nada.
Luego vino la famosa historia del Gnomo platense que se asomaba de un pozo e intentaba succionar a la gente. En el video se veía como el vidente de La Plata era literalmente chupado por el pozo mientras se en escuchaba un misterioso “atrápalo” cuando se pasaba la cinta al revés. El tipo estaba loco y en edición agregaban voces en off para dar más realismo a la cosa. Luego vinieron los misteriosos enanitos de color rojo y negro que salían del bosque Peralta Ramos en Mar del Plata pero nunca se pudo comprobar si era inventos de la gente o era el sector más petiso de la hinchada de Colón de Santa Fe.
Hoy la cosa ha cambiado mucho. Nuevediario dejó de existir, De Zer falleció y el Chango tiene una agencia de remises. Hoy muchos periodistas nos engañan, pero sin la fantasía de antaño, así los críticos de cine insisten con que Kevin Kostner es buen actor y que Glenn Close está buena, los musicólogos nos quieren convencer que lo de Arjona es poesía urbana y algunos cronistas deportivos se creen más protagonistas que los propios deportistas. Por eso esta nota está dedicada a De Zer, a su camarógrafo, y a todos los que vibraron, soñaron y hasta se asustaron pegados a la pantalla de canal 9 al escuchar:”seguime Chango”.

El casamiento paquete

Evitando prolegómenos reiterativos, que el lector habitual conoce y el menos asiduo o nuevo imagina, pasaremos a compartir esta historia real de un amigo (diríamos hermano) de la casa:
Era un casamiento muy pituco, de esos con vino reserva y champagne francés. Los anfitriones fletaron un micro hasta la casa quinta dónde era el jolgorio para que los invitados no tuvieran que manejar y así, poder beber a discreción desde la copa de espera hasta la barra libre con marcas buenas.
El muchacho se había vestido de punta en blanco, camisa clarita, pantalón oscuro pinzado, zapatos brillosos -tipo bailarín de tango- y el saco, mero objeto decorativo ya que hacía bastante calor. Por consejo de quien firma estas líneas (que una vez y de casualidad asistió a una boda de este tipo y le dijo: bodorrio pituco, cena fina = plato grande raciones pequeñas, new cuisine que le dicen) el protagonista, estaba atendiendo considerablemente los canapés de la entrada: jamón de pato, tostaditas con salmón ahumado noruego con caviar y huevos de codorniz, entre otras cosas, que un mozo regularmente traía. Para ser sinceros los camareros no venían tan asiduamente como nuestro muchacho quería, entonces en uno de esos intervalos se acerco disimuladamente a la mesa y se fue directo hacia el plato con los huevitos apilados muy simétricamente, agarró uno, lo apretó para pelarlo y descubrió que no eran duros. Una impía y amarilla yema manchó casi la totalidad de la camisa aunque una rápida intervención de su mujer y del agua fría evitó que el papelón fuera mayor y la calurosa noche impidió que se pelara de frío por la camisa mojada.
A la tercera copa de vino bueno nadie se acordaba ya del incidente y a la quinta todos hacían el trencito (alguno ya con la corbata como vincha) al ritmo de “Camelia, Camelia, Camelia… Camelia de mi corazón….” como si nada hubiera pasado. Así que ya saben, astutos lectores, si van a un casamiento paquete no toquen mucho los huevos (de codorniz, claro).

Por la vereda de enfrente

Una vez más llega a Una Muchacha y una Guitarra (la fórmula de la felicidad), una historia real. Mi nombr…ejem, los nombres de los protagonistas, así como la fecha y la ubicación en la que estos hechos sucedieron han sido cambiados, con el claro objetivo de proteger la integridad de las personas y al mismo tiempo evitar que estas reciban cargadas, burlas, cachadas o dolorosas risas por la espalda.
Sandro vivía a una cuadra del supermercado (pequeño, para más detalles) dónde hacía sus compras habituales. Casi a mitad de cuadra un kiosco atendido por una señora canosa y un morocho alto, en el que el muchacho adquiría algún periódico, digamos de izquierdas, revistas de música, algún que otro libro y cigarrillos negros.
Una mañana pasó a averiguar sobre un diario que regalaba un disco de Santana. Lo que Sandro quería saber en realidad era si podía evitar la compra de dicho matutino ya que sólo le interesaba el compacto, la mujer le aclaró que no sabía y que tenía que mirar “si le obligaban a recortar el cupón o no”. Esa fría tarde de invierno volvió a pasar de regreso a su casa con un paquete de “Cruz De Malta” de medio kilo abajo del brazo, y esta vez lo atendió el morocho:

- Hola
- Hola ¿qué haces?
- Nada, quería saber si para el disco de Santana hacía falta comprar el diario, para reservarlo, viste.
- Mirá, tengo que mirar si hay que cortar algún cupón o no, mañana te digo.
- Si, si ya me lo dijo tu mamá. Bueno guardamelo con o sin diario.
- Dale.
Se dio vuelta, hizo dos pasos y la morocha voz le interrumpió el camino:

- Ah flaco, ya se qué parece mayor por que no se tapa las canas, pero no es mi mamá, es mi mujer.
- … (silencio)
- … (más silencio)
- … perdoname, disculpame
- No pasa nada flaco
- Chau y disculpame de nuevo eh
- Chau, chau

En el tiempo que pasó entre este suceso y la mudanza, Sandro, no volvió al kiosco, a “Abraxas” lo consiguió de oferta en Musimundo, y para ir al supermercado daba vuelta a la manzana o simplemente caminaba por la vereda de enfrente.